Poco duró el orgullo ante la acción rápida, oportuna, decidida y coherente del Órgano Ejecutivo al enfrentar inicialmente la pandemia por la Covid-19.
Durante las semanas y meses transcurridos desde entonces nos ha tocado vivir situaciones dignas de un guión de telenovela.
La Asamblea se ha convertido en una extensión del Instituto Panameño de RehabilitaciónEspecial: la encontramos llena de ciegos, sordos, mudos y personas con grandes limitaciones intelectuales. La mayoría de los diputados hace alarde, en su actuar ignorante, grosero, inconsciente y podrido, de estar totalmente desconectados de los mejores intereses del país.
En el Ejecutivo encontramos a un presidente que aparece como el cometa Halley (de tiempo en tiempo), actuando como John Wayne y echándonos cuentitos patrióticos y tiernos. Todo eso, mientras se destapa un escándalo tras otro en el manejo de los recursos del Estado (que son nuestros), hay ministros intocables pegados con crazy glue al poder, etc., etc.
Al Órgano Judicial ni lo menciono: para qué.
Los ciudadanos asistimos incrédulos al espectáculo que da el PRD fungiendo a la vez de partido de gobierno y de su propia oposición. Como hubiese dicho el genial Tres Patines: Cosa más grande en la vida, chico. Mientras tanto, vemos como la economía se hunde. Claro que salvar vidas es importante, pero sin empleo no hay cotizantes a la Caja de Seguro Social ni habrá quien pague impuestos. Sin generar recursos, el gobierno seguirá pidiendo prestado a diestra y siniestra, endeudándonos a todos por varias generaciones. Cuando suban el hambre y el desconsuelo, y se pierda el poco respeto que aún se tiene por la autoridad, la gente se tirará a la calle. Bien dice el refrán que en río revuelto, ganancia de pescadores y en Panamá no nos falta quién quiera sacar provecho de la situación, con intereses oscuros. La masa desbocada es emotiva y fácilmente manipulable por cualquier redentor populista que le diga lo que quiere oir, le prometa el cielo y la tierra y le pinte un enemigo al que atacar por ser el culpable de todas sus desdichas. La historia mundial y nuestro vecindario hispanoamericano están llenos de ellos. No nos traguemos el cuento: tenemos meses muy difíciles por delante.
Quiero terminar, pidiendo a las personas piadosas que nos ayuden a todos rezándole a todos los santos, sobretodo a los de las causas imposibles, para que nos haga el milagro y descienda una sensatez honesta sobre nuestros gobernantes. Amén.
La autora es neuróloga