Para nadie que tenga una edad promedio de los 35 años en adelante, que vivió los momentos difíciles de la democracia en Panamá, cuando imperaba un gobierno denominado fuerte incluso de ipso, escapa el hecho de que se dieron muchas violaciones a los derechos humanos, las garantías consagradas en la Constitución pasaron a ser letra muerta en las postrimerías del año 89, todo gracias al gobierno que ejerció Manuel Antonio Noriega, comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de Panamá, quien mal asesorado y aupado por grupos de reacción, intento mantener un poder que se le había agotado, sobre la base de la fuerza y la represión y de eso fuimos testigos durante varios años.
Pero del dicho al hecho hay mucho trecho, el general se encuentra recluido por los supuestos delitos que Estados Unidos le imputó y en Panamá, ha sido condenado en ausencia en varios procesos, con los cuales la justicia, a su manera ha llegado, pero esto no puede ni debe tomarse como un muro o un impedimento para que las hijas del general Manuel A. Noriega sean condenadas a priori por hechos o actuaciones de sus padres, ya que nadie, y mucho menos un hijo puede cuestionar ni limitar las actuaciones que realizan sus padres, ya sea para bien o para mal, de allí que vivir del rencor o de la venganza no es un buen síntoma para la democracia, pues si algo debimos de sacar como conclusión del periodo de la dictadura, es que se peleó por tener un estado de derecho en donde todos los ciudadanos tenemos igualdad de derechos. Por eso mal se puede ahora acusar a las hijas del general Noriega, llámese, Lorena, Sandra o Thays de las acciones de su padre, si ellas tuvieron procesos y fueron condenadas o sobreseídas ya la justicia cumplió su papel, no podemos exigir mas allá de lo que queremos que nos apliquen a nosotros.
Cada vez que ha ocurrido acciones de derrocamientos de gobiernos fuertes, muchas veces los cuestionamientos y persecuciones han recaído sobre los familiares más que sobre los mismos detentores del poder, de allí que es sabio aceptar que las circunstancias han cambiado, si en un concurso salió electa Thays, bienvenido sea, pues se atrevió a romper el esquema y prejuicio de ser hija del general Noriega, pues es algo que no lo podrá negar nunca, pues nos guste o no es su hija y como tal siempre llevará su apellido y eso no podemos tomarlo como un acto que atente en contra de la población y de la democracia y así tenemos la obligación de reconocerlo. Que Noriega como tal causó mucho daño no se podrá tapar con una mano y mucho menos olvidar, pero el que un hijo tenga que vivir toda su vida cargando la cruz que le corresponde a sus padres es injusto, incluso en casos de política se ve estas situaciones, en mi caso a pesar de tener más de 15 años de estar inscrito en el arnulfismo - panameñismo, se me ha señalado siempre como pariente del coronel Díaz Herrera o del mismo Omar Torrijos y con eso he tenido que vivir y no me molesta, pues igual son mi familia y mi sangre y no por lo que pudieron hacer ellos que yo tengo que vivir como el avestruz con la cabeza escondida.
A las hermanas Noriega mi respeto, pues considero que aprendieron la lección de su padre y porque sabiendo lo que él cometió, han sabido tener la paciencia para hacerse nuevamente en la palestra pública, pues no es cierto ni justo que tengan que vivir de un destierro político, social y humano, por los hechos cometidos por su padre. Aun cuando considero que este escrito le encrespe los pelos a más de cuatro, sepan que no podemos seguir siendo juzgados por los pecados de los demás y debemos saber vivir con la dignidad que debe tener todo ser humano y como tal todos tenemos derechos y obligaciones que un apellido por bueno o malo que sea visto nos los puede quitar, de lo contrario volveríamos a vivir de una sociedad sectarista buscando la raza perfecta sin oportunidad de discernir, disentir u opinar sobre algunos hechos y circunstancias de nuestra vida cotidiana, en la cual debe imperar el respeto por las demás personas. Así veo las cosas y así las cuento.
