Imagínese por un momento una preciosa calle, con árboles que la sombrean, niños montando bicicletas, patinetas, mamás paseando a sus bebés en coche, los pajaritos cantando, las ardillas subiéndose en los troncos de los árboles, en busca de algo que comer, en fin, un vecindario tranquilo, con vecinos que se conocen entre sí, cuyos hijos caminan sin peligro de casa en casa visitando a sus amigos del barrio, donde hasta los perros pueden pasearse con libertad...
De pronto, de la noche a la mañana, sin consultar con los vecinos, sin permiso de contrucción, sin la apropiada zonificación, se comienza a eregir una gran mole que para siempre acabará con nuestra paz y tranquilidad, nuestras casas perderán todo valor. Una invasión a nuestra moral, a nuestro modus vivendi y a ningún estamento o institución del Estado parece importarle, ¿que está pasando con Panamá? ¿Será posible que estos comerciantes hagan lo que se les viene en gana mientras que otras personas tengan que mendigar en detrimento de su más básicos derechos?
Desde hace más de un año hemos visto crecer esta impresionante mole tipo "hangar de Zona Libre"; se han adosado a sus vecinos, se les ha parado la construcción y como en son de burla siguen construyendo los fines de semana y días feriados para poder adelantar la construcción de tal forma que los vecinos nos veamos obligados a aceptar una negociación la cual es probable nunca cumplirán.
Imagínese ahora camiones de carga pasando por esta calle 61, por la cual ya es difícil para un carro transitar debido a su estrechez, donde el camión de la basura y los buses escolares tienen que hacer malabares para pasar, con el ruido que los camiones de carga generarán y el peligro para los que diariamente transitamos por esta calle.
¿Por qué los encargados de este proyecto no hicieron unos planos en los cuales su depósito se accesara por la Vía Brasil o Calle 50? ¿Acaso son ciegos para ver que nuestra calle es una de las pocas que aún mantienen su belleza original y donde sus vecinos se enorgullecen de vivir con tranquilidad?
Este es un llamado a nuestras más altas autoridades, a un país que anuncia un tercer juego de esclusas, en donde se pregona la transparencia y el cumplimiento de la ley; ¿será posible tanta belleza y adelanto cuando no se puede lograr hacer lo propio en apenas una calle de nuestra ciudad?
Algunos residentes de calle 61, la manzana de Obarrio y el Edificio Don Camilo, hemos gastado en abogados, reuniones de barrio, visitas al Municipio y al Ministerio de Vivienda sin resultado alguno; y, al final ¿qué nos queda?, ¿salir huyendo de este barrio dejándolos hacer lo que dicen es inversión para el país?, ¿dejar que nuestros hijos vean que al final el que hace las cosas burlándose de la ley es el que gana?, ¿que el construir negocios para generar ingresos debe hacerse sin importar a quién dañemos en el intento?
¡Esta gente nos está robando en nuestras caras lo que hemos cosechado durante años, nuestro orgullo, nuestra fe y nuestra esperanza; nos sentimos burlados, ultrajados y abusados!
Señor alcade, Juan Carlos Navarro, señora ministra de Vivienda, Balbina Herrera, este es un llamado a la cordura, una alarma a su conciencia, un grito de desesperación. ¿Queremos o no dar el ejemplo a las generaciones por venir? ¿Existen todavía la sensatez y honradez que pregonamos o es que la ceguera y atropello son más fuertes?
Ojalá esta historia termine siendo una historia de comprensión, justicia y valores, para demostrarle a la ciudadanía y a nuestros hijos que todavía existe en Panamá: la ley, el bien y el respeto por los demás.