TLC.

La hora de la decisión política

Desde que el gobierno de Endara intentó negociar un tratado de libre comercio con EU, lo que nos llevó a adherirnos a la OMC, pasando por los gobiernos Pérez-Balladares y Moscoso, quienes iniciaron un proceso de negociar tratados de libre comercio con varios países, hasta el gobierno actual, Panamá ha sido consistente con el discurso político de lograr aperturas comerciales como vía para lograr inversión y crecimiento económico.

A pesar de esta unanimidad política, los resultados son magros. Solo hemos culminado negociaciones con tres países (Taiwan, Singapur y El Salvador) y aprobado únicamente los tratados de libre comercio con El Salvador y Taiwan.

Aparte de los problemas que, en un inicio, generaron los temas relacionados con la inversión y la discriminación fiscal, los cuales poco a poco se han ido superando dentro de las negociaciones, lo que ha impedido de forma efectiva la firma de los tratados de libre comercio ha sido el proteccionismo dirigido a un grupo de productores agrícolas. Esa ha sido la realidad en las negociaciones con Centroamérica, con Chile y, aún más grave, con Estados Unidos. En este último caso la situación es sencillamente inexplicable desde el punto de vista económico. Veamos por qué:

En primer lugar, el tratado ha estado virtualmente negociado desde la sexta ronda. Todos los sectores, con excepción del grupo de productores agrícolas y del tema de inversión en el comercio al por menor, están acordados. Es más, en lo que se refiere a este grupo de productos agrícolas, desde la última ronda están sobre la mesa propuestas estadounidenses que permiten un proceso de apertura a 15 años de plazo.

En segundo lugar, la importancia económica y social de los productos protegidos es poca y, como lo demuestran los resultados del NAFTA, su apertura en el tiempo no significa desaparición. Estos productos representan menos del 3% del PIB, pero a su vez son una parte importante de la canasta básica. En otras palabras, su protección castiga a los 3 millones de consumidores panameños (de los cuales un millón son pobres) a pagar productos caros, con el fin de salvaguardar intereses clientelistas del Estado.

Según estos productores, no pueden competir con los productores de Estados Unidos. Pero lo curioso es que siempre tienen una excusa para que los protejan. Con Estados Unidos son los subsidios, con Centro América era la moneda, con Chile que es muy competitivo, con los demás tendrán otra excusa. En definitiva, su pretensión es que los protejan para siempre porque son panameños (nacionalismo económico). Como si los demás no lo fuéramos (si los protegen a ellos, ¿por qué no protegemos al buhonero que se queda sin vender el día que llueve o al taxista que le se daña el carro? ¿Y quién protege al consumidor? ¿Acaso son menos panameños?).

En tercer lugar, y aún más importante, es lo que indican los hechos. Todos los países con un TLC con Estados Unidos han logrado un crecimiento importante en su economía y en la situación económica de sus ciudadanos. No ha habido un solo país al que le haya ido mal. México y Chile, los únicos dos países latinoamericanos con TLC operando con EU, son los únicos países de Latinoamérica con "grado de inversión". Es más, la economía mundial demuestra que, cuando un país pequeño acuerda libre comercio con uno grande, el pequeño logra mejores resultados. Estos son los hechos irrefutables.

Por último, mantener el statu quo solo produce un país tercermundista, de pobres, con alimentos caros y sin inversión suficiente para un desarrollo sostenible. Debemos copiarnos del esfuerzo de Chile y China, quienes globalizaron su economía y no han dejado de crecer desde entonces. Obviamente, eso también significa eliminar todo aquello que impida que seamos más competitivos y promover todo aquellos que nos potencia.

Así las cosas, lo único que queda es la hora de la decisión política. Decisión en la que debe prevalecer el bien común sobre el interés particular. Y las opciones son claras: continuar con el modelo económico de aislamiento comercial basado en el proteccionismo de ciertos sectores y que nos tiene con altos niveles de pobreza y desempleo; o el camino de una economía abierta que permita el crecimiento económico sostenido, la erradicación de la pobreza y del desempleo.

Conversando con la ministra de Economía de El Salvador, me comentaba que con la aprobación del CAFTA en EU han llegado 30 empresas multinacionales a establecerse en El Salvador. Esas son 30 multinacionales que no vendrán a Panamá por nuestra demora y a un costo enorme, probablemente mayor que el que hemos protegido.

Si nosotros no logramos dejar atrás el tercermundismo económico y no cerramos ya el tratado de libre comercio con Estados Unidos, seremos los únicos en la región, lo que hace que las posibilidades de atraer inversión de manera sostenida a Panamá sean mínimas (la ampliación del Canal es temporal). Esto lo sufrirán, como siempre, los más pobres y los desempleados, ya que seguirán pagando cara la comida; y, además, sin inversión no hay empleo.


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