La Fiscalía Electoral tiene un presupuesto totalmente injustificado. Si hay algo que la distingue es su absoluta indiferencia a situaciones tan escandalosas que es imposible que pasen inadvertidas para una autoridad que recibe miles de dólares al mes sin que haya una sola reacción que justifique sus funciones, ni siquiera para guardar las apariencias. Su servilismo al poder es de antología.
Nunca opina y mucho menos investiga, con lo cual casi es cómplice de toda irregularidad que llega a sus manos.
Seguramente encontraremos desempleados que trabajen más que el fiscal titular, pues, de qué otra manera podría justificar tanta displicencia, tanto desdén en sus responsabilidades.
Es evidente que su nombramiento solo se justifica porque, obedientemente, acata sin titubeos ni remordimientos las órdenes que emanan de Palacio; porque su papel es esconder en vez de aclarar; porque no está para cuestionar, sino para justificar lo que está mal.
Pobre reputación tendrá al acabar su mandato. Contamos los días que le restan a este desvergonzado señor en cargo tan importante.