El mandamás sigue empeñado en hacer de Panamá una tragicomedia. Las promesas lanzadas al aire antes de asumir el poder –y siendo inquilino pasajero del Palacio de las Garzas–, bajo el disfraz del interés común, siguen perdiendo valor.
Ha pasado con la simulada eliminación del Fondo de Inversión Social (hoy Programa de Ayuda Nacional, PAN), de las partidas discrecionales y la reducción de viajes al extranjero. Nada ha desaparecido.
Los únicos cambios registrados en el último lustro, y que ya son récords en el país, es que es más el dinero dilapidado de la partida secreta, más las salidas al exterior (algunas bajo el manto del secretismo) y más las cantidades que administra el PAN, conocido como el “brazo político” de este gobierno, que el año pasado gastó $300 millones.
De nada han valido las denuncias de corrupción y malos manejos en esa institución, en la que la transparencia, en la administración de la locura, está de permanente tiempo compensatorio. En época electoral, es hora de analizar con seriedad las promesas de los candidatos. Aprendamos de la presente lección que, para colmo, ya va para cinco años.