Cifras de espanto: en un país de algo más de 3 millones de habitantes, más de 209 mil están empleados por el Estado.
En solo cinco años su planilla creció en 35 mil 805 plazas (6 mil 942 solo en el último período), lo que no concilia con la alegada actual bonanza económica, que para serlo debía reflejarse en los diversos sectores productivos, y no solo en la construcción, por cierto de carácter cíclico y coyuntural.
En números redondos, el Estado gastó el año pasado $2 mil 350 millones en emolumentos, $201 millones más que en el año anterior, mientras que de los mil 750 millones de dólares que pagaba en 2009, pasó a $2 mil 350 millones, un crecimiento de $600 millones.
El engorde clientelista del aparato público, aberración para los que postulan el recorte de la ubre estatal, fue blindado con la revitalización de la carrera administrativa, bajo el sello Cambio Democrático.