Resulta inquietante que siete años después de su establecimiento, la Concertación Nacional para el Desarrollo anuncie que se ha cumplido apenas el 9.2% de los acuerdos pactados.
Se supone que la Concertación nació como un ente de consulta permanente de los problemas y retos del país, pero en la práctica ni siquiera tiene acceso a información estadística oficial y confiable, necesaria para el monitoreo de sus propuestas.
Que se sepa, tampoco se le consulta para temas cruciales, como el diseño del plan estratégico del gobierno –si es que acaso hay uno– o el presupuesto general del Estado.
Si las autoridades involucradas no ponen más empeño, la Concertación será relegada a reuniones para hacer catarsis, gastar papel y tomar café.