El inicio de clases en el sector público viene marcado por los problemas que genera la reparación y mantenimiento de numerosos planteles educativos que no están listos para recibir a miles de estudiantes desde el día de hoy.
La gravedad del asunto radica en el hecho de que los jóvenes pueden perder clases, y todos sabemos lo que eso significa. Si bien las aulas son necesarias para impartir el conocimiento, lo importante es que los muchachos puedan recibirlos.
Y no serán las mochilas o las computadoras las que induzcan al estudiante a ser mejor ciudadano. Hace falta voluntad, tanto del hogar como del Estado, para estimular sus deseos de superación. La responsabilidad es compartida.
A los maestros y profesores, un mensaje de solidaridad, en especial a aquellos que deben servir lejos de su hogar. Ustedes son la esperanza de un mejor Panamá.