El rescate y remozamiento del Casco Antiguo ha convertido a San Felipe en un sector apetecido por el mercado inmobiliario.
Sin que al parecer se tome en cuenta la recomendación de la Unesco, de incorporar a sus residentes a los planes para potenciar y asegurar el valor del lugar como patrimonio histórico, las autoridades apuran su salida de dichos predios con indemnizaciones que no satisfacen a los perjudicados.
La manera diligente en que esto se tramita, con el antecedente de familiares del mandatario interesados en lograr el desalojo expedito de inmuebles allí, apunta a que lejos de buscar beneficios urbanísticos y sociales para la ciudad, lo que en verdad se persigue es fraguar, como en otras ocasiones, negocios pingües para amigos del gobierno.