Se sabe del desprecio de los funcionarios de esta administración por la opinión pública, a la que creen adormecida con la apabullante pauta de sus mensajes publicitarios.
Que frente a la denuncia del Tribunal Electoral, por el uso indebido de información privilegiada por parte de la campaña electoral oficialista, el vocero gubernamental declare que solo es una patraña para favorecer a la oposición, es lo que se espera de su cargo.
Pero que el candidato presidencial guarde silencio, es algo bien distinto. Porque se trata de alguien que ya debiera enviar señales de que en una eventual gestión suya, la transparencia será la que promete y no el objeto de burla en que este gobierno la ha convertido.
Claro, por razones obvias se le ha visto ausente de todo debate sobre temas de interés nacional. Solo que esta vez, al menos, dada la trascendencia de lo denunciado, bien pudo haber dicho: esta boca es mía.