Este es el señor Terce Depatio, ya que sus hermanos Primi y Secundino se me cayeron y se rajaron, lo que hace difícil la conversación. Güevito, que es como me ha pedido que lo llame (parece que la mamá les dice así a todos), está muy consternado porque sus hermanos se cayeron. El ya ha escuchado la historia de aquel otro, Humpty Dumpty, y sabe que los huevos, una vez que se rajan, ya no tienen remedio.
Hace apenas 48 horas que su mamá lo puso, que me explicó así es como nacen ellos, no paridos sino puestos, y ya la tragedia ha tocado su joven vida. Porque su tía Clarita, la favorita, desapareció ayer. Se fue a un sancocho y no ha regresado. Además, está sintiéndose débil, por la falta del calor materno.
¿Güevito, me escuchas?
Sí, Ana, y gracias por la oportunidad de compartir con tus lectores, pero yo creo que mejor nos apuramos, que me estoy sintiendo muy débil.
Estoy un poco mortificada porque no sé cómo abordar el tema de comer huevo, pero decidí abordarlo porque al fin y al cabo, octubre es el mes del huevo y no quería pasarlos por alto a ti y a tu parentela.
No te preocupes, que nosotros tenemos un subconsciente colectivo que nos permite saber que aunque nacimos para convertirnos en pollitos, también alimentamos a otros. No es lo que hubiéramos elegido, pero nos sentimos orgullosos de ser el alimento perfecto.
Qué interesante, Güevito. ¿Y por qué eres el alimento perfecto?
Porque contengo proteína de alta calidad, superior a la de la leche y la del pescado, igualada únicamente por la leche materna. Además, tengo poca grasa y 13 vitaminas (con muchísima B, D, E y A, y muchos minerales). Amén de que mi cáscara, rica en calcio, sirve para fertilizar tu jardín. Así que ya ves, que somos absolutamente maravillosos. Me molesta muchísimo que hablen tanta paja sobre el colesterol cuando nosotros somos perfectos. Y si bien es cierto que fueron los europeos los que trajeron a mis antepasados a América, aquí ya estaban mis parientes, los huevos de iguana y de tortuga. Así que algún antepasado tuyo también se alimentó de esos y no te hagas la rabiblanquita, que aquí todos ustedes tienen el guandú detrás de la oreja, como dicen, y todos se hacen los que no tienen nada de indio, pero a mí no me echan ese cuento. Ustedes los humanos se tiran unos peos altos
Güevito, ¡modera el lenguaje!
pero a la hora de la hora son unos ignorantes. Tanto cerebro y tanta alharaca, y todavía andan ahí preguntando qué vino primero, si la gallina o el huevo. Ah, y te digo una cosa: Yo sí que soy de abolengo, soy de la high class de los huevos, porque soy Depatio. Nada de esos de granja que vienen por docena, esos tipos no tienen ni sabor ni alma.
VEA 8B