La decisión liberal de apoyar el referéndum para aprobar los tratados Torrijos Carter en septiembre de 1977, no fue fácil.
Fácil hubiera sido apoyar el ‘No’ como oposición al Gobierno, posición asumida por otros movimientos políticos (recuerden que el régimen había declarado la insubsistencia de los partidos políticos desde 1969) que consideraban igual que hoy, que el triunfo del ‘No’ era una derrota para el Gobierno, una derrota al gobernante Torrijos.
¿Y dónde estaba el tema de los tratados del Canal, que representaba en primer término la razón de la convocatoria?
¿Por qué no se analizaban los extraordinarios logros resultado de los tratados negociados, la abrogación del infame tratado de 1903, la entrega del Canal a los panameños el primer día del nuevo siglo, la co administración del Canal, la eliminación del concepto zona, el inicio del desmantelamiento de los poblados civiles y bases militares, la aprobación de un plan de salida y reversión de tierras y aguas anteriormente vedadas?
Claro que no se lograba todo lo que se quería, y estaba lo del tema del paraguas del Pentágono y la cláusula De Concinni no tan potables que digamos.
Sin embargo, pareciera que los logros no eran valorados y eran rechazados como no importantes, que lo que había que hacer era votar ‘No’ para golpear al régimen donde más le doliera, posición que asumieron líderes políticos que bajo las disposiciones aperturistas de un veranillo democrático, se organizaron a favor del ‘No’ y solicitaron a los dirigentes de los proscritos partidos, que se sumaran en la gran cruzada por el ‘No’ de forma de avergonzarinternacionalmente al Gobierno, sin detenerse a analizar las disposiciones de los acuerdos que lograban lo que los panameños habíamos luchado por tantas generaciones.
Aun cuando el régimen negoció solo, sin la participación de las otras fuerzas políticas como había sido la costumbre en anteriores convenios, los liberales nos mantuvimos informados de los alcances de las negociaciones por líderes políticos amigos de vecinos países, que apoyaban las demandas de Panamá frente a EU, pero también coincidían con la posición liberal de que era necesario que Panamá regresara a un entorno democrático, con elecciones libres, la inscripción de partidos políticos, el retorno de los militares a sus cuarteles, una prensa libre y garantías individuales.
Siempre en comunicación internacional los liberales participamos activamente cuando la discusión de los tratados se centró en el Senado norteamericano, reuniéndonos con senadores y representantes cuando visitaban nuestro país, donde nuestro mensaje fue siempre de apoyo a la causa panameña, pero crítico a la gestión interna del Gobierno, requiriendo garantías para que el país pudiera encaminarse con ese mismo apoyo internacional a la vida democrática una vez atendido el tema del Canal.
Aprobado el Tratado Torrijos Carter en el Senado norteamericano por escaso margen y convocado para su aprobación o rechazo en referéndum en Panamá, la posición liberal era decisiva. O apoyábamos el ‘No’ como se esperaría por nuestra declarada oposición al régimen y nos uníamos a las otras fuerzas políticas que promovían su rechazo, o tomábamos la posición que siempre habíamos tomado los liberales históricamente en beneficio del país.
¿Pero cómo trasmitir la decisión directamente a la población, una posición tanto difícil si no se quería la intermediación del Gobierno, ni la utilización de sus medios?
Aun en medio del mentado veranillo democrático era casi imposible acceder a los medios y menos aún aspirar a una cadena nacional sin censura, sin conocimiento de cuál sería la decisión, si nos íbamos con el ‘No’ de la oposición, o el ‘Sí’ a un tratado negociado por el régimen de quienes éramos opositores.
El día antes del referéndum Tony Fergo logró la cadena nacional de televisión y el ingeniero David Samudio como presidente del Partido Liberal Nacional (aun cuando no fuera legal) se dirigió a la población panameña directamente, y expresó su apoyo al ‘Sí’, no sin antes relatar las participaciones liberales a través de la historia, y su actual demanda por libertades ciudadanas y derechos políticos.
¿Qué hubiera pasado si David Samudio Ávila se hubiera dejado convencer por los dirigentes políticos opositores que esgrimían la tesis de que un ‘No’ al tratado era un ‘No’ al Gobierno, por lo que había que votar ‘No’ sin percibir que un voto ‘No’ era quedarnos con el tratado de 1903, el gobernador civil y un Canal en manos de ellos, un Canal para ver de distancia, porque al panameño le estaba prohibido recorrerlo?
Afortunadamente privó la razón, y su amor patrio.
Esta acertada posición de hace casi 30 años, nos permite hoy hablar del Canal nuevamente, pero esta vez de nuestro Canal, de nuestra decisión de ampliarlo, modernizarlo, actualizarlo, decisión en la que, al igual que ayer, debe prevalecer un sentido patrio por encima de disconformidades reales o asumidas con el actuar del gobierno de turno.
