Una dramática secuencia ilusión-desilusión levantó toda una revancha popular contra Cortizo. En su primer acto, un inspirado actor principal interpreta a “Papá Nito intachable y autoritario”, personaje salvador a medio camino entre Jesús milagroso y el populismo centralista de Torrijos.
Cierto que el libreto del inmaculado exigía intérprete y equipo con oficio que previera qué hacer luego de este primer acto de griterío amenazante, “No estoy hecho de leche condensada, tengo la mecha corta, díganme qué no entienden”.
El segundo lo abre una seguidilla de contratos millonarios oficiales retirados ante denuncias, sobreprecios, amenazas y represión. Develan serias incongruencias entre libreto y realidad. La imagen del aplaudido salvador resbala sin pausa a la de aprovechado, mereciendo un abucheo que nunca estuvo en su cálculo.
Un gobierno atorrante reprime sin justificarnos el por qué apalea estudiantes anti Reformas Constitucionales, o a pobres que reclaman salvación en la crisis. Consume capital político sin convencernos del “reparto palos por el bien de los panameños”.
El auditorio decepcionado suena cacerolas, cierra calles, consigue salvoconductos chimbos, playazos, entre múltiples transgresiones. Una rabia colectiva regurgitada como revancha emerge desde lo profundo de la psicología popular.
El arrebato no solo señalaría la incapacidad del equipo Cortizo en prever vulnerabilidades. También, refleja nuestro desquite con quien nos enrostraría una resistencia vergonzosa en asumir propia salvación, esperándo la del Jesús milagroso.
Cómo no vengarnos de quien destroza la ilusión del todopoderoso salvador demostrándonos, por séptimo período, seguimos apendejados esperando redención de unos quienes, al final del quinquenio, terminamos abucheando por ineficaces al gobernar.
¿Qué detiene al Presidente desquitar culpas descargándolas sobre sospechosos? En entrevista con Dorcas de la Rosa, parece indiferente con la caída en 20 puntos en credibilidad. Será un actor minimizando el problema, o un confiado que no aprende de antecesores quienes esperaron el último tramo para tomar desquite. Los electores leyeron aquellas movidas populistas desesperadas como oportunismo político. La debacle se manifestó en cada elección.
El autor es investigador y formador político