Charles Darwin (12 de febrero de 1809–19 de abril de 1882), naturalista y biólogo inglés, tuvo una gran y poderosa idea que, como todas las grandes ideas, es muy simple: la selección natural, un mecanismo tan obvio y auto evidente que otros antes de él lo concibieron pero no llegaron a colocarlo en su justo lugar. La selección natural explica el origen y desarrollo de la vida en el planeta Tierra y, en principio, también explicaría la vida en cualquier otro planeta.
Este año se cumple el 150 aniversario de la presentación pública de aquella gran idea: la evolución por selección natural. Dicha presentación fue hecha por Charles Darwin y Alfred Russell Wallace (también naturalista inglés) en artículo conjunto de 1858. Las celebraciones que se llevan a cabo, principalmente en círculos científicos de todo el mundo, para conmemorar tan magno acontecimiento, culminarán el año 2009 cuando cumpla 150 años El origen de las especies, el libro de Darwin que fundó la biología moderna. Como parte de esas celebraciones, el diario The Guardian, de Londres, uno de los importantes en el mundo, ha publicado un folleto de 34 páginas (que se puede obtener gratis) con una magnífica y clara introducción escrita por Richard Dawkins, destacado biólogo inglés, quien actualmente regenta la cátedra Charles Simonyi para el Entendimiento Público de la Ciencia, en la Universidad de Oxford.
Además, las obras completas de Charles Darwin estarán disponibles en internet por los próximos dos años y gratuitamente, según informa John van Wyhe, académico del Christ’t College de la Universidad de Cambridge (sur de Inglaterra), quien es el responsable de un proyecto que permitirá tener acceso visual y auditivo a los descubrimientos del científico, a través de la página web darwin-online.org.uk.
¿Qué es la selección natural? Al respecto Stephen Jay Gould, eminente antropólogo y naturalista estadounidense, ha escrito: “La selección natural de Darwin es una teoría para fabricar diseños sin necesidad de un diseñador; hecha a la medida para pulverizar uno a uno los argumentos de cualquier creencia antinatural. La predicción clave de la teoría se ha confirmado en tiempos recientes: la prueba más contundente es la universalidad del código genético”.
La idea es ésta: todo ser vivo tiene una gran capacidad de reproducción y produce copias de sí mismo con leves variaciones; pero en un mundo de recursos escasos solo algunas copias sobreviven lo bastante como para reproducirse a su vez: aquéllas con unas variantes más ventajosas en ese entorno particular. Si las condiciones del entorno se mantienen durante cientos de generaciones, las variantes ventajosas colonizarán toda la población. Visto desde afuera, la especie habrá evolucionado hacia una forma mejor adaptada a ese entorno. La operación continua de este proceso durante millones de años genera unos dispositivos biológicos exquisitamente adaptados a su entorno; como si un relojero los hubiera diseñado para funcionar allí. Esto es la selección natural, el mecanismo evolutivo descubierto por Darwin.
Pero, ¿qué hace a la selección natural una idea tan especial? Richard Dawkins dice: “Una idea poderosa asume poco para explicar mucho. La gran idea de Darwin explica todo lo que es la vida y sus consecuencias, y esto significa todo lo que posea más de una mínima complejidad. Dado suficiente tiempo, la supervivencia de las entidades hereditarias no aleatorias (las cuales, ocasionalmente, son copiadas mal) generará complejidad, diversidad, belleza, y una ilusión de un diseño tan persuasiva que se presta para ser distorsionada por la creencia en un diseño deliberadamente inteligente. Las mutaciones se proveen libremente. La concepción de ‘dado un tiempo suficiente’ no es tampoco un problema, excepto para mentes calcinadas por influencias metafísicas, incapaces de entender o captar la terrorífica magnitud del tiempo geológico”.
Es sumamente importante saber que el mismo Darwin escribió que la selección natural se refiere a la supervivencia dentro de las especies, no entre ellas. De allí que cualquier pretendido “darwinismo social” o concepción nacional–fascista de las relaciones entre los seres vivos, son puras falacias que no tienen nada que ver con lo que Darwin realmente escribió.
Las ideas y pensamientos de Charles Darwin y Albert Einstein tienen algo en común: mucha gente habla de ellas o dice “conocerlas” sin haber leído una línea de algún escrito de cualquiera de los dos. Con respecto a Einstein da risa esa expresión tan conocida: “Ah, como dijo Einstein, todo es relativo”. Resulta que ese genio jamás escribió tan absurda frase.
En el caso de Darwin, en ninguna de sus obras o escritos aparece la oración “el hombre desciende del mono”. A lo sumo, quizás ambos procedan de un tronco común y hace, aproximadamente, dos millones de años se separaron y cada rama –hombres y monos– siguió por su propio camino evolutivo.
Para los que creen que Darwin fue un “filósofo”, he aquí algo que él sí escribió: “La libertad de pensamiento se promueve mejor mediante la iluminación de la mente de los hombres que resulta del avance de las ciencias (naturales)”. Entonces, ¿quedamos en que sí importa Charles Darwin?
