El 7 de abril de cada año, el mundo celebra el Día Mundial de la Salud, con actividades que destacan la importancia de la salud para llevar una vida productiva y feliz.
Se plantea como un desafío de primer orden, integrar los asuntos de salud con el ambiente para el logro del desarrollo sustentable. El estado del ambiente afecta directamente la salud humana por medio del aire, el agua, el suelo, la comida que consumimos. Sin embargo, mucha gente piensa que la salud ambiental es competencia exclusiva del sector salud, cuando la realidad es que se trata de un asunto multidisciplinario que nos compete a toda la sociedad.
La salud humana y un ambiente sano son prerrequisitos fundamentales para el desarrollo sustentable. Al respecto, la salud ambiental se define como una disciplina que comprende aquellos aspectos de la salud humana, incluida la calidad de vida, que son determinados por factores ambientales físicos, químicos, biológicos, sociales y psicosociales. Se refiere a la teoría y práctica de evaluar, corregir, controlar y prevenir aquellos factores en el ambiente que pueden potencialmente afectar adversamente la salud de presentes y futuras generaciones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que un 25% de todas las enfermedades evitables son causadas por factores ambientales. La gente pobre y extremadamente pobre se enfrenta con esta crisis de manera cotidiana. En efecto, la abrumadora mayoría de los 3 millones de personas que mueren cada año de enfermedades transmitidas por el agua son pobres.
Los 2 millones de personas que mueren cada año por contaminación de aire en lugares cerrados en su mayoría son mujeres, niños y niñas. Es alarmante saber que actualmente, en el mundo mil 100 millones de personas carecen de agua potable, mientras que 2 mil 400 millones no tienen acceso a sistemas de saneamiento. Esta insuficiencia dio lugar a que en el 2000 murieran 2 millones 213 mil personas, la mayoría niños menores de cinco años, debido a diarrea y otras enfermedades relacionadas con la falta del saneamiento del agua.
La escasez y mala calidad del agua para el consumo humano, el saneamiento inadecuado, la deforestación, la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de los suelos, la contaminación por agroquímicos y plaguicidas, las inadecuadas condiciones de salud laboral, la contaminación por residuos y emisiones industriales, la contaminación acústica, la seguridad alimentaria y el calentamiento de la tierra, son algunos factores que inciden directamente en la calidad de vida y salud de las personas.
Tal vez no conozcamos con precisión las tasas de aumento de enfermedades y fallecimientos que se atribuyen a cada contaminante, pero estamos conscientes de que la combinación de residuos químicos, desechos tóxicos, emisiones vehiculares y otros contaminantes urbanos constituyen graves peligros para la salud de todos los ciudadanos y de manera especial para ciertos sectores más vulnerables de la población.
La Declaración de Río señala que los seres humanos tenemos derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza. Los objetivos del desarrollo sostenible sólo pueden lograrse en la medida que no haya una alta prevalencia de enfermedades debilitantes. En este sentido, la mejora de la salud de la población exige la erradicación de la pobreza, prestando especial atención a las mujeres, los niños y niñas, al igual que a los grupos vulnerables de la sociedad, como las personas con discapacidad, las personas de la tercera edad y las poblaciones autóctonas.
La sociedad se da cuenta, hoy más que nunca, que el desarrollo económico no puede implicar la degradación del ambiente, y que la salud y la prosperidad deben ser accesibles a todos los seres humanos.
