Carmela (40 años): “Tuve que dejar a mi marido porque su quincena se la gastaba jugando maquinitas en el casino de la esquina. Cuando lo llevé a terapia, decía al psicólogo que para él era imposible evitar entrar en los casinos porque cuando se iba para su casa se encontraba en cada esquina con letreros que decían ‘Casino’. Mi esposo creía que el destino le había puesto el casino cerca de su casa”.
Fulvia (25 años): “Los casinos han arruinado a mi abuelita: al principio nos daba a cada una de sus nietas cinco dólares cada vez que ganaba y, por error, nosotras le mostrábamos mucha alegría y le decíamos: ‘¡Qué suerte tienes, abuelita!’. Luego, ella empezó a ir prácticamente todos los días al casino, y regresaba triste y brava. Ella decía que solo pensaba en jugar y en jugar y encontrarse con sus amigas jubiladas que también jugaban, y que el personal de los casinos las atendía muy bien. Lamentablemente, mi abuelita gastó sus ahorros, fue vendiendo, poco a poco, cada una de sus vacas y prendas para ir a los casinos”.
Ramón (30 años): “Hemos descubierto que la tesorera de nuestro gremio nos estuvo engañando con reportes falsos. Cuando la enfrentamos, llorando nos dijo que sufría de ludopatía y que, por favor, la ayudaran porque era algo irresistible para ella entrar a un casino”.
Salomón (27 años): “¡Se enteraron de la última! El chinito dueño del minisúper se metió un tiro porque se había jugado en el casino la plata que era para pagar sus deudas y la matrícula de la escuela de sus hijos”.
Los reportes de los familiares y ciudadanos sobre los desastres que trae el juego irresponsable y patológico en nuestros ciudadanos nos hace reflexionar sobre formas de prevenir la ludopatía.
Actualmente, nuestros gobernantes han propuesto una ley para obtener recursos y garantizar el pago del programa de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja de Seguro Social y promover un aumento a las pensiones de los jubilados. Esa situación amerita que se resuelva sabiamente y con prontitud. Sin embargo, las familias de los afectados por la ludopatía y los ciudadanos en general están clamando para que este proyecto de impuesto, en vez de obtenerse del combustible, sea trasladado a las ganancias sobre los juegos de azar.
El Dr. Carlos Bellido, renombrado catedrático de economía de la Universidad de Panamá, en publicaciones e investigaciones realizadas en Panamá ha demostrado que la proliferación de casinos es un negocio multimillonario asociado a la depresión, el suicidio, la pobreza y las conductas delictivas, indicadores de ludopatía.
En particular, el Dr. Bellido observó en las encuestas sobre ludopatía un número creciente de personas de tercera edad afectadas por esta adicción. (http://ludopatiaenpanama.blogspot.com).
Los testimonios de Carmela, Fulvia, Ramón y Salomón invitan a nuestros diputados y gobernantes, por un lado, a revisar la ley e imponer este nuevo impuesto a las mismas fuentes que generan la ludopatía y todos los males asociados a ella, y por otro lado, a controlar el número de casinos para empezar a prevenir esta adicción.
