En diferentes fechas del presente siglo, conmemoran el bicentenario de su independencia de España casi todos los países de la que yo llamo “Nuestramérica”, para no contradecir a los hispanófobos que, por borrar la nación de la que se independizaron, dicen Latinoamérica, ni a los hispanófilos que prefieren decir Hispanoamérica. A Panamá le toca el día 28 de este mes, y me pareció oportuno comentar un aspecto de estas independencias que no suelen enseñar en los libros de historia.
Cuando le preguntaron a Simón Bolívar sobre los antecedentes de la independencia de la Patria Grande no mencionó a Guaicaipuru, Rumiñahui, Urracá, Túpac Amaru o a cualquier otro caudillo indígena. Bolívar dijo: “La primera declaración de independencia americana fue la carta que envió el español Lope de Aguirre a Felipe II renunciando a su vasallaje a la corona española”.
El Libertador, ídolo sagrado de quienes declaran cada año el 12 de octubre “Día de la resistencia indígena”, tenía bien claro que su guerra no era de una raza contra otra, de indios contra españoles, como quieren hacernos creer los racistas modernos, sino de patriotas o republicanos contra realistas o godos, de un sistema de gobierno contra otro.
Prueba de ello es que hubo mucha gente nacida en América partidaria de la monarquía. Para demostrarlo pondré unos cuantos ejemplos:
Miles de llaneros venezolanos, dirigidos por José Tomás Boves, pusieron en aprietos a los ejércitos republicanos. Fernando Miyares, nacido en Caracas; Melchor Álvarez, nacido en la Patagonia argentina, y José Coppinger, nacido en La Habana, fueron destacadas figuras en la lucha contra los patriotas. Juan de los Reyes Vargas, nacido en el estado venezolano de Lara y apodado El Indio, fue uno de los más destacados caudillos realistas. Agustín Agualongo, un indio de Pasto, en Colombia, llegó a ser general en las filas realistas y murió fusilado dando vivas al rey de España. José de la Mar, nacido en la Cuenca ecuatoriana y muerto en San José de Costa Rica, fue primero general del ejército español y después presidente del Perú independiente por dos veces.
Y, por si fuera poco, Simón Bolívar murió en la casa de un amigo español.
Las guerras de independencia de “Nuestramérica” fueron una lucha de ricos contra ricos a los que solo les importaban los pobres del color que fueran para reclutarlos, para que lucharan y murieran defendiendo sus intereses, los intereses de la clase alta.
Se logró la independencia y, hasta el día de hoy, los pobres de “Nuestramérica” siguen siendo igual de pobres. La única diferencia es que, en vez de ser exprimidos desde el otro lado del mar, lo son desde más cerca de sus pescuezos.
El autor es jubilado

