[REENVÍOS MASIVOS]

¿Dónde te informas?

Entre todos los ‘forwards’ que se reenvían a las listas de contacto, los que de verdad son dañinos son los que encubren publicidad engañosa y los políticos.

En un principio eran bien recibidos. Nos sentíamos incluso halagados de que los amigos nos añadieran a sus listas de contactos y nos enviaran correos, que pronto supimos que se llamaban forwards, de los que éramos un destinatario más entre un montón y que se propagaban en cadena hasta el infinito. Todo eso ocurría en un principio de la nueva era de internet, pero aquello empezó a cansar pronto. No era tanto el tiempo que consumía su lectura –era una falta de cortesía no abrir un mensaje de alguien conocido, y más aún no acusar recibo–, sino el darse cuenta de que la despersonalización indicaba que el remitente mandaba contenidos que le interesaban a él, pero poco o nada al que lo recibía.

Supongamos que era un afán colectivo de compartir, pero aun así no se justificaba la invasión que a diario sufría el buzón virtual, y hablo en pasado, porque fue preciso tomar medidas drásticas: en primer lugar, entender que las reglas de cortesía no se aplicaban al caso y que era aceptable borrar sin leer cuanto forward llegara; en segundo lugar, ampliar las direcciones que irían directamente a spam –esto sí fue doloroso–, y por último, la medida más importante, dejar caer entre los amigos que puesto que algunos somos raritos, nos evitaran recibir tales reenvíos. Eso sí, dándoles las gracias por querernos a pesar de nuestras rarezas. Lejos de molestarse, su reacción fue magnífica. Ahora mandan contenidos pensados y elegidos para uno: pinacotecas o bibliotecas virtuales, chistes geniales, paisajes o historias de lugares que se aman, la letra poética de una canción de John Lennon, etc., etc. Y así nos hemos librado del resto.

Porque entre el resto, los hay de toda clase. Los religiosos, por ejemplo, de tono mesiánico y vivas a Cristo Rey que nos envía un supuesto amigo que después de tantos años de conocernos, aún no se ha enterado de que nuestra espiritualidad no se sustenta precisamente en la esperanza del más allá.

Luego están los alarmistas, esos que nos avisan del fin del mundo, nos advierten de los peligros de la vida sedentaria y de la muerte inminente que nos espera si no cambiamos nuestros hábitos alimenticios.

En un tiempo se pusieron de moda los reenvíos de colecciones de fotos perfectas, tan perfectas como imposibles. El retoque era palpable. Daba lo mismo que fueran campos nevados que extensiones sembradas de trigo con amapolas incluidas. Mi carácter contemplativo me permite estar horas enteras frente al mar; me emociona la ciudad y el campo cubiertos de nieve y disfruto hasta los huesos de los paisajes multicolores, y por eso sé también que ninguna fotografía es capaz de reproducir el natural. Tal vez porque falta el sonido, falta el olor y el estado de ánimo del que contempla. Aun así, este tipo de forwards son los menos peligrosos.

Los que de verdad son dañinos son los que encubren publicidad engañosa y los políticos. Los primeros no promueven el uso de tal o cual producto, sino al contrario. Por ejemplo, si después de mucho probar e investigar has dado, al fin, con una marca de lo que sea, y como tú otros confían en ella, por lo que se vende como rosquillas, la competencia crea una contraofensiva en forma de reenvío y la lanza al ciberespacio. En él aseguran que según estudios de la universidad de Villa Pajaritos, el producto produce cáncer, calvicie o debilitamiento de los huesos, y siempre hay ingenuos que creen que cualquier basura es noticia y emprenden la cadena de descalificación no de boca a boca sino de forward en forward. Estrategia de mercado.

Los segundos, los políticos, se reciben especialmente en época de elecciones, y en España, donde hay elecciones municipales y autonómicas el próximo domingo 22 de mayo, las tendencias se disparan por el medio que nos ocupa. Es una propaganda anónima, caricaturesca y, la mayoría de las veces, insultante. Nadie expone las virtudes posibles de su partido sino los fallos del contrario, y si son falsos, mejor.

–Pero bueno –me preguntaba un amigo de signo político contrario al mío a propósito de una discrepancia–, ¿tú dónde te informas?

–En los forwards no, desde luego.


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