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Inteligencia sanitaria y salud digital

Inteligencia sanitaria y salud digital
Según el Centro de Contacto Panamá, entre enero del año 2021 y hasta la fecha se generaron cerca de 11 mil consultas y 16 mil prescripciones

Ser seres humanos artificialmente inteligentes abre una posibilidad en materia de salud pública cuando es pensada no por ley de contrarios, para reemplazar capacidades de personas, sino para potenciarnos en materia de ciencia, desarrollo, avance tecnológico, promoción del pensamiento creativo e innovación. Bajo esta óptica podríamos definir la inteligencia artificial como la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano. Stephen Hawking dijo y cito: “Cada aspecto de nuestras vidas será transformado por la inteligencia artificial”, y podría ser “el evento más grande en la historia de nuestra civilización”.

Prontamente, la sociedad muestra grados distintos de resistencia y adaptación, algunos por temor a navegar por la dimensión desconocida de lo que no sabemos, en donde lo incierto ha dejado de ser lo atípico y lo normal nos catapultó al futuro en la cómica los Sónicos, con la que pudimos adelantarnos a nuestro tiempo y hoy se convirtió en todo aquello que pudimos imaginar, robots aspiradoras, relojes inteligentes, video llamadas, clases en línea por monitores y cintas transportadoras, y con una indicación del médico que decía remotamente “saque la lengua”, que nos llenaba de asombro en un mundo donde la ciencia ficción no era ciencia, sino entretenimiento.

Todo proceso modernizador requiere de una condición previa, el modernismo, el cual implica un mecanismo gradual de adaptación, racionalización de lo nuevo, formación de capacidades para una cultura que por convicción u obligación colabore en el avance del conocimiento disponible. Pero no hago referencia al efecto hipnótico de la moda tecnológica como una manera suntuosa de agregar más valor a la marca personal; esto es otro problema, que ya en un estudio del año 2020, indicaba que un ser humano pasa 76 mil horas, unos 9 años de su vida, mirando su teléfono celular. Parece demasiado, pero el estudio habla de la cantidad y no de la calidad de ese tiempo, el cual dependiendo del fin puede ser un desperdicio o una inversión.

Hoy, sacar una cita o guardar un cupo en línea ha comenzado a transformar el panorama sanitario nacional. La pandemia dinamizó una variable que parecía un adorno elegantemente colgado en los discursos sanitarios de las presentaciones de alto nivel en Naciones Unidas, en Nueva York, y para volverlo una realidad. Hoy, los Supersónicos pasaron a manifestar aquello que era una mirada fantasiosa en el horizonte de la medicina moderna, que hoy, hacia la siguiente década, vuelve a Panamá en un referente en salud digital por las más de 40 instalaciones de la red primaria de servicios, que cuentan con un sistema de telemedicina para teleconsultas, prescripción y dispensación de medicamentos por receta electrónica, lo que nos coloca como innovadores en esta materia en toda la región. También hay que ponderar lo avanzado por el Minsa en un asunto clave como lo es establecer un expediente electrónico único, que integra al usuario bajo una sola unidad de conocimiento, evitando que sea desmembrado y diseccionado, una parte de la persona en la privada, la otra parte en la pública y las otras quien sabe dónde.

Según el Centro de Contacto Panamá, entre enero del año 2021 y hasta la fecha se generaron cerca de 11 mil consultas y 16 mil prescripciones, por lo que cabe la pregunta, ¿hasta qué punto podremos avanzar, como país, en el establecimiento de un sistema de salud digital y sanitariamente inteligente, que no sea un quítate tú para ponerme yo? Como también superamos la antigua creencia que el betamax reemplazaría los cines, será siempre necesaria una red de servicios organizada y estructurada, bajo nuevos principios rectores.

La era digital y la inteligencia artificial desconcentrarán las instalaciones de salud, reducirán riesgos por tiempo de exposición a factores diversos y de espera, evitarán desplazamientos y minimizarán costos operativos de los usuarios y servicios, mejorando la salud financiera de las poblaciones, con menos gasto sanitarios para una vida con estilos más saludables y, por qué no, colegiadamente erigiendo un monumento en recordación de la famosa frase que caía en el proceso de adaptación a la revolución tecnológica, que dirá aquí fallece el famoso personaje “no hay cupo” (q.e.p.d.).

La pandemia nos empujó a un momento decisivo sin reversa, por lo que solo nos toca adaptarnos pasivamente o ser parte del cambio que demanda nuestra sociedad, porque para gestionar la inteligencia artificial, debemos ser primero humanamente inteligentes y, como en el relato bíblico, para no correr el riesgo de mirar atrás y volvernos estatuas de sal.

El autor es doctor en ciencias, educación social y desarrollo humano


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