En Panamá, como en otros países en vías de desarrollo, existe una falsa dicotomía entre la prioridad presupuestaria que debe recibir la ciencia, entre todas las otras necesidades básicas que hace falta por cubrir. Aun durante la bonanza económica en lo que pareciera unos lejanos 5 a 10 años atrás, tuvieron lugar varias vergonzosas reducciones en la inversión en investigación y desarrollo (I+D), la verdadera métrica de la capacidad de generar nuevo conocimiento de la comunidad científica local. ¿Por qué ahora, cuando encaramos una crisis sanitaria y económica, deberíamos invertir en “eso”?
La respuesta evidente es que la ciencia constituye una de las herramientas para canalizar fondos, talento y experiencia hacia la solución de las necesidades básicas que enfrenta nuestra sociedad. Invertir en ciencia es invertir en ambas cosas. Iniciativas como la producción local de medios de transporte viral a menores costos y con mayor control de inventario; la validación de ventiladores mecánicos de emergencia de bajo costo fabricados 100% en Panamá, y el desarrollo de la plataforma Ciencia Ciudadana para capturar reportes de afectaciones climáticas directamente de las comunidades durante las tormentas e inundaciones del mes de noviembre y poner esa información a disposición de las autoridades: estos son algunos ejemplos de cómo la ciencia puede atender necesidades en periodos de crisis.
Estos esfuerzos fueron posibles en tan corto tiempo debido en parte a que no dependieron de fondos públicos que requieren refrendo de la Contraloría General. A esto se agregó la planificación de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y el financiamiento continuo de programas como las becas de excelencia y las convocatorias de I+D en las distintas áreas de las ciencias a nivel nacional, que permitió disponer del talento necesario.
Hacer ciencia demanda dinero, tiempo y planificación. Por esto, el recorte de más del 20% al presupuesto de la Senacyt para el 2021 se vislumbra como una nube oscura sobre la capacidad de Panamá para estar mejor preparado para enfrentar esta y futuras crisis.
El autor es doctor en bioingeniería, ingeniero investigador del Indicasat AIP y miembro de Ciencia en Panamá