Fundada en 1942, la Biblioteca Nacional cumplió, el 11 de julio, 60 años. Ha sido muy larga y tortuosa su evolución, pero hoy podemos afirmar sin modestia que nuestra memoria cultural le ha ganado la batalla al olvido.
Lo mismo ocurre con los Archivos Nacionales, que al igual que aquella se encontraban sumergidos en el abandono; ahora están siendo objeto de la más severa renovación.
Es con la formación del Estado Federal en 1855 que encontramos los primeros esfuerzos por educar a nuestra población. Pero hacia 1873, solamente existe en el Istmo de Panamá la educación primaria, y no es hasta finales del siglo XIX que se fundan las primeras bibliotecas.
Aún en 1909, con la fundación del Instituto Nacional, no existe una propiamente. Corresponde al doctor Octavio Méndez Pereira, junto a ilustres intelectuales, establecer en este centro de enseñanza, la Biblioteca de Centroamérica.
Para entonces la preocupación pedagógica apostaba por el valor de la educación nacional para formar nuestra clase media y promover profesionales serios en las distintas ramas de la administración del Estado.
Pero solo hasta 1931, con el golpe de Estado de Acción Comunal y su programa de rescate de nuestra nacionalidad, es que se emprende la tarea de fundar la Universidad de Panamá (1935) en los edificios del Instituto Nacional.
Sin embargo, con una ley educativa de 1941, durante la administración del doctor Arnulfo Arias, se crea la Biblioteca Nacional de Panamá, cenit de dicho movimiento patriótico y cultural.
El 11 de julio de 1942 se inaugura la Biblioteca Nacional. El presidente Ricardo Adolfo De La Guardia continúa la labor de sus antecesores y nombra como primer director al historiador Ernesto J. Castillero Reyes. Este funge de 1942 a 1945, y da gran impulso a la misma. Le suceden los directores Galileo Patiño (1945-53), Bonifacio Pereira (1953-57), Ana María Jaén (1957-66), nuevamente Galileo Patiño (1966-68), Carmen Cecilia Lasso (1968-71), Raquel P. D. de Zúñiga (1971-75), Algis Borrero E (1976-78, 1980-86, 1987-88) y finalmente Argelia Pimentel S (1988-1994). Actualmente ilustres ciudadanos y ciudadanas reunidos en la Fundación Biblioteca Nacional de Panamá rigen el destino de ese centro cultural.
La Biblioteca Nacional ha tenido tres sedes: la primera, cerca de la Presidencia (Calle 6ª y Avenida B, edificio número 16); la segunda en el edificio enfrente del actual Palacio Legislativo (hoy Biblioteca Pública Eusebio A. Morales) y, finalmente, en el Parque cultural y recreativo Omar, con sus modernas instalaciones y excelente servicio.
En nuestro país siempre ha existido una dicotomía surrealista. Por ejemplo, en las décadas del 40 y 50, se promovían veladas culturales con la presentación de libros, concursos, premios literarios, y disertaciones, y se sembraron bibliotecas comunitarias, por barrios y comunidades lejanas; era la cruzada a favor de la cultura de nuestro pueblo. Todo esto en un período crítico que correspondió a la segunda guerra mundial.
A principios de la década del 70 se organizó una biblioteca móvil, que visitaba los barrios y las provincias ofreciendo la lectura a los ciudadanos interesados, y existían premios a los mejores lectores y hasta se elegía una reina del libro.
Pero eso no es todo, se hacían veladas culturales de promoción de la lectura en las Semanas del libro instalando un comité nacional presidido por connotados intelectuales y políticos de prestigio, preocupados por el fomento de la lectura, la cultura y las bellas artes. Se destacaron, entre otros, Rogelio Sinán, Miguel Mejía Dutary, Diógenes De La Rosa, Ramón H. Jurado.
En fin, la actual administración ha retomado algunas de estas actividades, pero falta más. Nuestra educación está en crisis y con una Biblioteca como la que tenemos ahora podemos orientar a nuestra juventud, tan alienada por la televisión (mal vista) y los vicios del consumo sin sentido.
Los libros tienen mucha batalla que dar aún. La herencia intelectual que conserva la Biblioteca Nacional es invaluable. Es nuestra memoria patria y hay que custodiarla para las futuras generaciones, mucho más luego de seis décadas de valiente custodia por un universo de hombres y mujeres que la han hecho crecer desde la humildad del archivo vertical hasta el actual catálogo en-línea. El tiempo pasa, y no en vano, hay que crecer y ser mejores. Salud y buena vida a la Biblioteca Nacional en su sexagésimo aniversario.