La segunda cuarentena estricta en Panamá se intercaló con una fecha importante para los panameños: el Día de los Mártires. Es un sentimiento extraño reflexionar sobre un año histórico, como lo fue 1964, recién habiendo experimentado otro año histórico, como el 2020.
Una de los pocos aspectos positivos que trae el confinamiento es tiempo; y un porcentaje del mío lo gasté imaginándome como hubiese cambiado todo si los hechos del 9 de enero de 1964 hubiesen ocurrido en el presente.
Los estudiantes del Instituto Nacional, al ver que los del Balboa High School no habían izado la bandera panameña al lado de la de Estados Unidos, como debían, marcharon hacia la Zona del Canal con nuestro pabellón en mano. Se trataba de alrededor de 200 estudiantes de más o menos 17 años, no muy lejos de mi edad. Ellos fueron, arriesgando sus vidas, a hacer patria.
Al leer los relatos de aquellos jóvenes, me entró un sentimiento incómodo, acompañado de una pregunta:
¿Qué estamos haciendo los jóvenes de nuestra generación para hacer patria en un momento igual de crucial que aquel 9 de enero?
Esa pregunta me incomodó. Algunos aún siguen haciendo fiestas en yates, otros, fiestas en sus casas, y un bajo porcentaje cumple con las medidas estrictamente. Parecemos tener el mismo sentimiento de inmortalidad que tenían los estudiantes del Instituto Nacional al dirigirse hacia la Zona del Canal, pero nos enfrentamos a un enemigo invisible y, en vez de una bandera, cargamos con nuestro ego.
El Día de los Mártires celebra una gran hazaña, llena de valentía y nacionalismo. En 2020, he sido testigo, y a veces partícipe, de lo contrario: actos cobardes e individualistas.
No busco criticar a una generación entera, y mucho menos a la que yo pertenezco. Me gusta creer que si hoy se necesitaran 200 estudiantes para marchar por nuestro país, los ofrecimientos sobrarían.
Es necesario analizar los dos lados de la moneda. Si tuviésemos que pelear por izar nuestra bandera este año, muchos jóvenes le tendrían más miedo a aquellos en nuestro bando, que al contrario. De esos 200 estudiantes, algunos se sentirían intimidados con la posibilidad de que nuestra propia policía los detuviera. No es difícil de imaginar, ya que fue la situación de dos muchachas recientemente, quienes tan solo compartían un beso.
Otros jóvenes no verían el sentido de defender la bandera de un país que, en tiempo de crisis, parece habernos dado la espalda.
En tiempos en los que necesitamos respuestas, que los mandatarios rindan cuentas y a un líder que dé la cara, no hemos recibido lo que merecemos.
¿Vale la pena cargar nuestra bandera, que en estos tiempos se siente más pesada?
Mi tiempo de ocio se llenó de preguntas sin respuestas. Quiero pensar que yo sería parte de esos 200 jóvenes, y quiero pensar que la bandera que cargara en mis manos representa al Panamá que algún día fuimos, y que nos merecemos ser.
El Día de los Mártires es un día sumamente importante para la historia de Panamá. En este se conmemoran héroes caídos en tiempos difíciles.
Espero que futuras generaciones conmemoren a los mártires del 2020 de la misma manera. En este caso no fueron estudiantes, más bien personal de salud, que han peleado contra esta pandemia desde el día uno.
Me gusta pensar que por ellos vale la pena cargar nuestra bandera, sin importar su peso.
La autora es periodista y estudiante de derecho