Carlos V, en su afán por conquistar nuevos territorios, dio señales en 1524 para que se elaborara un pormenorizado estudio para la navegación sobre el istmo de Panamá, y es que la osadía de este Sacro Emperador dio razón para que en 1534 se recomendara el traslado de Panamá Vieja a sitios más seguros.
Estos planteamientos no eran solo caprichos del Imperio Español, que desarrolló un bien elaborado cuerpo de Ingenieros Militares, que se formalizaron dentro de las escuelas Romanas y no en vano Vitruvio, Mileto y Pietro Cataneo, grandes urbanistas del periodo esplendor Románico e Itálico, dieron forma a esta armada española, para construir en territorios de la Hispanoamérica conquistada, grandes ciudades, que descansaron sobre el principio de plano axial con los requerimientos casi inamovibles para su inexpugnabilidad, y la construcción de sus edificaciones civiles, militares y religiosas, siendo su Plaza Mayor una excepción rectangular.
Panamá no escapo a ello, como tampoco el emporio sobre el Caribe, paso obligado y de apoyo a la globalización espontánea, el intercambio comercial, el traslado de mercaderías, objetos de valor y tesoros de los virreinatos de México y Perú, fueron el comportamiento en una América casi deshumanizada. Con la incursión de Henry Morgan a través del camino cruces, la invasión colonial tuvo su esplendor en 1671, dejando a su paso una estela de muerte y desolación, limitando a sus lugareños y emplazándolos a sitios mas alejados en espera de la ayuda del reino de España.
Es el mandato de Mariana de Austria, la que decide casi dos meses después del aviso en Madrid, que la ciudad había sufrido un ataque desbastador y urgía su reposición en sitio más seguro.
Dos años después, el 21 de enero de 1673 Antonio Fernández de Córdoba cumpliendo mandato por real cédula, realiza un trazado cerca del Sitio del Ancón (accidente geográfico muy cerca a la hoy entrada del canal) y entrega en La Plaza de la Catedral o Independencia, los lotes en los cuales se edificarán las iglesias, cabildo, contaduría, aduanas y las iglesias-conventos, eje vertical de la colonización.
A 347 años de esa gestión, puede observarse que la realización de la ciudad fortificada refleja ese principio de valor universal excepcional que se apega a los requerimientos de Unesco ,cuando define el 6 de diciembre de 1997 enlistarnos como Patrimonio Mundial de la Humanidad, declarando que los hechos y acontecimientos ejercidos en este sector ,hoy San Felipe y Santa Ana (no Casco) son de trascendencia Universal y como tal debe respetarse y elevar su categoría a ciudad patrimonial, entendiéndose que son los Estados a través de sus gobiernos los que deben garantizar que estos sitios, logren mantener una armonía entre lo que se conserva, siendo un bien intangible, natural o edificado, y el desarrollo, inclusión de sus habitantes para la mejor comprensión, y desenvolvimiento del sector.
Somos nosotros los que debemos emprender el camino de la comprensión a la valorización de esta pequeña península, y entregarles a las nuevas generaciones el conocimiento, para el respeto que merece, nuestro legado cultural.
El autor es diseñador gráfico