Círculos virtuales

La cultura de la lectura en tiempos de pandemia

El 26 de septiembre participé en un webinar organizado por la Asociación Panameña de Bibliotecarios (Apabib) con el título “Servicios bibliotecarios y lectura en tiempos del Covid-19”. Me acompañaron Damaris Tejedor, directora del Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Panamá, y Guadalupe Rivera, directora técnica de la Biblioteca Nacional. Ambas profesionales nos dieron un informe de las acciones virtuales y protocolos que las bibliotecas en Panamá han ejecutado en tiempos de la Covid-19, para que estos equipamientos culturales no detuvieran sus servicios a los usuarios.

Por mi parte, me dediqué a hacer un registro sobre la lectura en tiempos de confinamiento y encierro basado en las experiencias y reflexiones que muchos mediadores han tenido en estos momentos de crisis. Lo primero que destaqué es que la lectura y el libro, como instrumentos de transmisión cultural, son parte de ese escenario donde la cultura ha puesto en relieve su valor y su importancia, como bálsamo que ayuda a curar y reparar a la sociedad en medio de una crisis.

Algunas de estas reflexiones las he tomado de bibliotecarios y gestores culturales de la lectura, profesionales de distintos sectores de la educación y la cultura que laboran en espacios como las bibliotecas. Como cualquier otro profesional, estos mediadores también son padres y madres, hermanos e hijos, y han sido también afectados por la pandemia. Es a partir de esta palabra: “afectar”, que quisiera empezar con el primer registro. Todos hemos sido afectados pero, curiosamente, la lectura nos ha afectado, de manera positiva.

La lectura para acercarnos. Uno de estos efectos de la lectura se inserta dentro del terrible distanciamiento social que vino para separarnos, para censurar reuniones sociales, para impedir abrazos y besos. Aunque un libro no puede sustituir un abrazo, leer en estos tiempos ha significado para muchas personas una forma de compartir y acompañarse. Algunos círculos virtuales de lectura reúnen experiencias significativas. Otros mediadores han confrontado el distanciamiento social reinventando nuevos espacios de lectura. Será necesario que se hagan los estudios antropológicos y sociales de cómo la lectura tuvo efectos positivos en las personas. La fuerza de las palabras, su poder infinito, logra reconstruir y acercarnos de múltiples formas.

La lectura para articularnos. Creo que un hecho que pasará a la historia de la cultura es que la lectura, como nunca antes, nos ha ayudado a entender que no podemos seguir trabajando como islas, que las alianzas son hoy más importantes que antes. La lectura nos viene a decir que es vital retomar las articulaciones pertinentes para trabajar sobre proyectos comunes. Los foros, encuentros, congresos y otros eventos virtuales que se han dado han permitido discutir sobre los problemas del libro y la sociedad. Se trata de la lectura como un proceso de colaboración que nos ayuda a diseñar nuevos aprendizajes y pedagógicas.

La lectura nos enseña a cuidar. Leer es una práctica sociocultural que nos permite pensar en soledad, pero también socializar la palabra. En esta pandemia, los especialistas en lectura y bibliotecas han citado nociones como bibliotecas que cuidan a la comunidad; se habla de bibliotecas colaborativas, que acompañan y son resilientes. Esto implica una ética del cuidado y la compasión. Hablamos de que leer nos puede ayudar a ser más sensibles y solidarios, y a tener más consciencia de las cosas que hay que cuidar.

La lectura para pensar en medio de la incertidumbre. Si hay algo que leer provoca, es la capacidad de formar ciudadanos críticos y menos vulnerables frente a las trampas del poder (porque si hay algo que crea incertidumbre, aparte de una pandemia, es el uso del poder arbitrario). Leer nos ayuda a interrogar la realidad y cuestionarla. Leer nos hace dudar, pero esta negación no es una imposibilidad, es una posibilidad. Un lector no es un creyente de las certezas; ha aprendido a creer en la intuición, de cierta espiritualidad que la ilusión de leer ha imprimido en su subjetividad. Los lectores hemos ritualizado la lectura para ser creativos y así purgarnos de la mediocridad que también se alimenta de la incertidumbre.

Leer para comprender el mundo. Autoras como Michel Petit ya nos han hablado del concepto de leer el mundo. Saber leer nuestro mundo se torna hoy más vital que nunca. La noción de lectura está implícita en toda la vida. No solamente se leen libros: se leen los astros, las cartas, los mapas, la memoria, el clima, las señales de tránsito, los instrumentos de navegación, las notas musicales, las recetas, el cuerpo y hasta el horóscopo. Hoy debemos hacer una extensión del concepto de lectura y aprender a leer los contextos, los territorios, los procesos, los sistemas, los paisajes, la cultura. Leer sobre todo a la naturaleza y retomar el diálogo que perdimos con ella. Hubo un tiempo en que los humanos hablábamos con las plantas y leíamos la naturaleza: el río, el bosque, el mar. No había libros, pero había diálogo. La biblioteca, sus libros y la lectura son la posibilidad de rescatar eso y más.

El autor es escritor

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