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La desconexión es la constante

¿Cuáles son los temas que deben ser protagonistas de la agenda nacional? Una vez más, el discurso nacional no está centrado en los problemas de los ciudadanos y cómo solucionarlos, sino por las pugnas por el poder interno del partido gobernante. Ese es el precio que debemos pagar por tener un partido dominando dos de los tres poderes del estado, especialmente cuando el que queda se encuentra ausente.

El Diputado de Bocas del Toro ha logrado amasar a lo largo de los años no solo una fortuna y un feudo, sino un poder casi incuestionable en el partido, pero como en una manada cuando hay un lobo herido, los que se creen alfas aprovechan su oportunidad para atacar.

Por un lado, un vicepresidente que por alguna razón se ha convertido en el blanco de todas las críticas del gobierno, quizá por su juventud, quizá por no ser un dirigente histórico del partido, pero probablemente por los escándalos de corrupción y favoritismo que han permeado la gestión del presidente Cortizo.

Por el otro lado, una Diputada que trata de ganarse a los ciudadanos vendiéndoles miedos, en su mayoría infundados, para verse como la única defensora del pueblo, parte todo de un proyecto político lleno de soberbia y resentimientos personales.

El show promete. Los tres tienen trapos sucios que volarán por nuestros ojos todos los días, escándalos de corrupción que ya conocíamos serán revividos, pero lo que fue en un momento defensa férrea del partido y silencio cómplice se transformará en indignación falsa con fines políticos. ¿Cómo más comprender que la diputada que ha compartido, bailado y legislado codo a codo con el Diputado de Bocas Del Toro ahora parece estar escandalizada de su comportamiento?

Mientras los panameños tienen su cabeza en sobrevivir, salir adelante, tratar de que sus hijos tengan una mejor vida, que tengan algo para comer, los dirigentes políticos están inmersos en dimes y diretes, pujas internas, rencores electorales y discusiones estériles.

Nuestro país, en la coyuntura en la que se encuentra, marcada por la necesidad de una transformación profunda para poder levantarnos de la herida social y económica que nos dejó la pandemia, está urgido de discusiones de altura sobre nuestro futuro, sobre nuestro modelo económico y político, sobre el rol del Estado, de la clase empresarial, del canal, de la minería, y así puedo seguir listando las discusiones cruciales y necesarias que tenemos que tener.

Nuestros dirigentes partidistas parecen no comprender esto, y lo peor, parece que no entienden que de esto depende su propia supervivencia. En el 2019, la presión ciudadana y el No a la reelección los golpeó, prueba de eso es su intento desesperado de cambiar las reglas del juego para evitar que los ciudadanos se organicen y se expresen, pero no pueden tapar el sol con un dedo.

La indignación ciudadana crece cada día más, y ellos entienden que mientras más tiempo pasen sentados en la silla velando solo por su beneficio propio, más fácil será sacarlos de allí.

El autor es director ejecutivo de Movin


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