En las relaciones internacionales son muy evidentes los esquemas de poder que existen entre las grandes potencias y los pequeños Estados. Si bien, todos los Estados jurídicamente son iguales (igualdad soberana), los Estados pequeños nunca podrán igualar o superar el efecto o el poder que tienen las grandes potencias en ciertos temas de la agenda internacional. No obstante, estos Estados pueden tener un alto nivel de incidencia en el escenario global si actúan en conjunto.
Solo es necesario acordarse del Diálogo de Melos del historiador griego Tucídides en su célebre obra Historia de la Guerra del Peloponeso. Según relata Tucídides, ante la inminente invasión griega a la isla neutral de Melos, los atenienses emitieron junto a su ultimátum, la famosa frase “los poderosos consiguen todo lo posible y los débiles han de aceptarlo”. Ante esto, los melios argumentaron que la invasión ateniense causaría alarma entre las otras polis neutrales y éstas se volverían hostiles a Atenas por temor a sufrir el mismo destino que Melos. No obstante, la invasión se produjo, los melios fueron masacrados, pero Atenas acabó perdiendo la guerra con Esparta. La injusta y deshonrosa decisión ateniense terminó por acrecentar más el resentimiento contra Atenas de las polis neutrales del Mar Egeo, llevándolas a aliarse con Esparta.
Tal como lo ejemplifica el Diálogo de Melos, los esquemas de poder en las relaciones internacionales y la prevalencia del realismo político – realpolitik – facilita que las grandes potencias, en ocasiones a través de entes supranacionales, tengan la capacidad de imponer sus decisiones a Estados pequeños. Lo anterior obliga a los Estados pequeños a desarrollar una política exterior cohesionada con la de Estados en situaciones similares, lo cual permite la identificación de objetivos claros e intereses comunes.
Debido a sus recursos limitados, los Estados pequeños, en sus interacciones con las grandes potencias, deben descansar en alianzas entre sí y nunca descartar el multilateralismo. El éxito de grupos de Estados pequeños pero cohesionados en el ámbito multilateral es conocido por muchos. Un ejemplo claro es la influencia del Movimiento de Países No Alineados, en general, en el sistema de Naciones Unidas y, en particular, en el proceso de descolonización. Tampoco podemos olvidar la Alianza de Pequeños Estados Insulares en el marco las negociaciones climáticas o el grupo de Economías Pequeñas y Vulnerables en la ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio. Estos son algunos ejemplos de diplomacia cohesionada de Estados pequeños dirigida a objetivos claros e intereses comunes.
En líneas similares, Panamá logró grandes avances en la cuestión canalera en cuanto decidió multilateralizar su disputa con los Estados Unidos de América (EE.UU.), planteándola dentro de la agenda de descolonización e, inclusive, en el Consejo de Seguridad. La conclusión de los Tratados Torrijos-Carter se debió, en gran parte, al replanteamiento de la disputa del ámbito bilateral al multilateral.
Ante la coyuntura que enfrenta Panamá por su inclusión en la lista negra de la Unión Europea de jurisdicciones tributarias no cooperantes debido a su caída en el índice de transparencia del Foro Global de la OCDE, cabe preguntarse si repetir el mismo patrón de comportamiento, aceptar exigencias y comprometerse a su implementación, producirá resultados distintos a la salida de las listas y la subsecuente re-inclusión en las mismas. En tal sentido, no debería descartarse un acercamiento a otros Estados que están, han estado o pueden estar en una situación similar, como Seychelles, Mauricio, Palau, Omán, Trinidad y Tobago, Turquía, Luxemburgo, Malta y Chipre, y plantearles una estrategia cohesionada para hacer frente de forma colectiva a la coyuntura común. No todos los sistemas son iguales, sin embargo, se deben identificar ventajas competitivas comunes a proteger. Igualmente, debemos identificar aliados coyunturales como EE.UU., Reino Unido e, inclusive, China.
La falta de balance en cuanto a recursos sitúa a Panamá en una posición de negociación difícil frente a bloques económicos poderosos. Sin embargo, esta desventaja inicial puede reducirse si descansamos en la solidaridad colectiva, en un enfoque multilateral específico con objetivos limitados, y en la adopción de soluciones creativas comunes.
El autor es abogado y profesor de derecho internacional
