“Sólo la educación os hará libres” , es una frase que hemos oído mucho, pero tal vez no todos entienden el alcance de su significado. Como ejemplo, el educar jóvenes que viven en condiciones precarias en las artes del fútbol transforma sus vidas, brinda una oportunidad que su entorno les niega. Así vemos cómo a estos muchachos que entrenan, estudian y aprenden a jugar fútbol profesional les ha cambiado la vida en su economía, compañías, educación, roce social, habilidades físicas e intelectuales, con las que se permiten una vida que antes ni siquiera soñaban. Igual ocurre en todo aspecto de la vida.
Un joven humilde, con orientación que le permite prepararse en la profesión o actividad que desea, puede alcanzar metas que parecían imposibles. Es por eso que los educadores que aman su profesión son una fuerza transformadora poderosa, sobre todo en las escuelas públicas, donde llegan jóvenes de hogares en muchos casos disfuncionales y con muchas privaciones , abuso y los peores ejemplos de convivencia familiar, de barrios violentos, que sin una educación no podrían conocer otra cosa que lo que los rodea y absorbe. Al brindarles otra perspectiva, se les abre un nuevo horizonte que puede dar un giro a su vida y sacarlo de ese círculo vicioso de un destino predispuesto por sus bisabuelos, abuelos y padres.
Por eso no comprendo cómo algunos dirigentes de educadores reniegan de iniciar clases presenciales y que son siempre parte del problema, en lugar de ser parte de la solución. Resulta inverosímil que las personas que están para orientar en la conducta, hábitos y disciplina rechacen ese papel tan preponderante que la sociedad reserva para ellos. Escogen ser representantes chabacanos; no se les ocurre una actuación adecuada a la que debiera ser su categoría , para solicitar sus derechos, que no sea cierre de calles, huelgas, paro de brazos caídos, rechazo a políticas de Estado y más .
El gasto mayúsculo que se hace en la beca universal para incentivar una mejor educación para jóvenes en riesgo resulta una inversión fútil, porque no se tiene ningún control. Generalmente van a parar a tiendas de celulares, salones de belleza y tiendas de ropa o zapatillas, no en comprar útiles escolares, uniformes , transporte para ir a la escuela. Lejos de convertirse en un incentivo para estudiar, funciona como compensación por la mediocridad, un pernicioso promotor de juegavivo que aturde el entendimiento de los jóvenes.
En un ambiente así, la única esperanza de que pueda hacer un cambio positivo en sus vidas son sus maestros, compenetrados en su misión y que hacen gala de capacidad de motivarlos a salir de su círculo vicioso de pobreza, delincuencia, maltrato y malvivir, a través del estudio.
Maestros, no abandonen a sus alumnos.
El autor es ingeniero civil

