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La educación sin ética no brilla

El mayor fracaso de la educación de Panamá ha sido el de abandonar la ética, o darle un papel secundario, dentro del pensum académico. La ética es el primer bastión en la batalla contra la corrupción (y me refiero a la que viene desde nosotros mismos), y dejar de lado su enseñanza neutral es abandonar la infraestructura de buenas a primeras.

El abandono ha sido una decisión secundada con los planteamientos de que los valores y la moral se enseñan en el hogar, pero no se está contemplando que la ética es la que discierne en lo que motiva y desmotiva a estos dos. La moral en los hogares tiene un alto grado de subjetividad, y esto lo que produce son sesgos ideológicos que estigmatizan al comportamiento humano hacia lo divino, cuando estamos muy lejos de serlo. Lo que a su vez produce fracturas sociales entre los que componen la sociedad misma.

Aquí es donde entra la ética, como herramienta que discierne de manera neutral, prácticamente científica, si nuestra concepción de lo bueno y lo malo es correcta. Si se me permite, aquí quiero alzar mi mano hacia los académicos relevantes del país en interrogante: ¿Les da demasiado miedo confrontar a la “autoridad moral” que hipócritamente dirige la mentalidad de este país? Estamos viviendo en carne propia los resultados de una ética blanda y vacía. Los hijos de un expresidente presos en Estados Unidos, figuras políticas e influyentes involucradas en escándalos delictivos y lo peor de todo… castigos igual de blandos y casi ausentes en el ejercicio de la justicia.

Quiero ver la enseñanza de la noción emocional de entender por qué les molesta una idea y que eviten el belicismo en el camino. Quiero ver que la enseñanza lleve a las personas a cuestionar los dogmas que nos plantearon en tiempos donde no podíamos tocar nuestro propio cuerpo porque era “pecado”. Quiero ver a nuestros pedagogos concientizando a la población acerca de cómo el bien común empieza en decisiones individuales y responsables. Quiero ver personas libres y para esto necesitamos la enseñanza práctica y neutral de la ética.

Esto me lleva a mi primer punto. La ética es la primera línea de defensa contra la corrupción. La moral nos enseña que copiarse en un examen, serle infiel a tu pareja, robar dinero, traicionar la confianza de otra persona, y cualquier otra muestra de corrupción interna, está mal. Pero la ética nos enseña el por qué. En un proceso epistemológico la ética nos lleva a los orígenes de la moral y por qué es imprescindible para nuestra sociedad. Esto nos ayuda a ver la corrupción como lo que es. No como un grupo de personas amándose de manera diferente, no como alguien que contradice históricamente una idea, no como alguien que alza su voz en rebeldía contra la corriente. Quiero que veamos la corrupción como el silencio, el vacío que impide que nuestras ideas lleguen a otros y no nos permita enriquecer nuestra batalla, y para esto necesitamos la enseñanza de la ética.

El autor es economista y miembro de la Fundación Libertad


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