En la actualidad, se han hecho más evidentes distintas formas de violencia contra comunidades minoritarias, sea por medio de negligencia de personas que prefieren ‘no decir nada porque no es mi problema’, de discursos de odio en las redes sociales y, en el peor de los casos, homicidios. La pandemia ha expuesto la fragilidad de las relaciones sociales a un grado que obliga preguntarnos si nuestra sociedad carece de empatía.
La empatía es la capacidad para entender o sentir lo que otras personas sienten o hacen, es decir, “colocarnos en los zapatos de otros”. Se trata de una capacidad necesaria para convivir en sociedad y relacionarnos con otros seres humanos. Al mismo tiempo, es una habilidad crucial para el funcionamiento óptimo de carreras como la psicología y la medicina.
Desde la biología, la empatía se genera a partir de las neuronas espejo, que se activan cada vez que observamos una acción proveniente de otra persona o realizamos la misma acción. Así ocurre, por ejemplo, cuando alguien frente a nosotros bosteza y automáticamente imitamos la misma acción.
Con el tiempo, se ha planteado la posibilidad de un declive en la empatía por distintas razones. Numerosos estudios enfocados en muestras de estudiantes universitarios indican que la empatía se ve reducida por el incremento de la competitividad y la presión para lograr el éxito en la sociedad. Otra razón planteada asocia la reducción de empatía al papel de la tecnología y las redes sociales y el papel como fomentadoras del individualismo.
Aun cuando vivimos en una sociedad de creciente individualismo, la empatía puede ser desarrollada si tenemos la motivación para hacerlo. Al respecto, la literatura científica plantea la utilidad de actividades que pueden ir desde leer más para poder comprender a un personaje, hasta cuidar de seres como los animales que no pueden comunicar lo que sienten o piensan, o pasar más tiempo con personas diferentes a nosotros. La evidencia producida por la investigación en ciencias sociales es contundente: podemos nutrir la empatía a lo largo de la vida, y usarla como una fuerza para la transformación social.
La autora es psicóloga, asistente de investigación en Panama Aging Research Initiative (PARI) y miembro del movimiento Ciencia en Panamá