Exclusivo
Testimonio

La invasión y la moral de los esclavos

Nietzsche, precursor del nazismo, sostenía que hay dos morales: la de los amos y la de los esclavos.

La de los amos se fundamenta en la afirmación de su superioridad, fortaleza, poder y dominio, por lo que sus actos son, por definición, buenos y nobles, no importa cuantos cadáveres dejen en el camino ni cuanta sangre y sufrimiento ocasionen. El bien mayor, definido por sus intereses y pasiones más degradantes, justifica todo.

La de los esclavos se fundamenta en la contracultura del oprimido y de los débiles que, para acomodarse al poder y al dominio de sus amos y para justificar su minusvalía, exaltan y hacen propia la escala de contravalores que glorifica la mansedumbre, la obediencia, la sumisión, la humildad y el renunciamiento a ser.

El 20 de diciembre de 1989, esas dos morales, como dos caras perversas de una misma moneda, se licuaron en una sanguaza violenta y cruel. A las doce y un minuto, sonó mi teléfono en Caracas, donde vivía exilado por Noriega. La voz de trueno, inconfundible, de Gabriel Lewis Galindo, como un cañonazo en un desfiladero, me espetó: ‘Marcel, los gringos están invadiendo Panamá’. Solté un gemido profundo, lloré de dolor, humillación, vergüenza e impotencia. La voz se le quebró a ese amigo forjado en el hierro.

Llamé a Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela. A los veinte minutos me recogió, todavía con la camisa de dormir puesta, serio, lívido, indignado. Se bajó del auto, me abrazó fraternalmente y llegamos al Palacio de Miraflores en donde ya, casi por arte de magia, fueron apareciendo los asistentes, secretarios, traductores, ministros. “Llámenme al presidente Bush”.

En minutos estaban al teléfono: “Cómo es posible que ustedes hayan hecho semejante afrenta a nuestros pueblos… cómo es posible que no se hayan podido negar a un acto de tanta cobardía contra un pueblo indefenso… cómo es posible que nos hayan infligido tanto daño a las fuerzas democráticas…”. Pocas palabras del otro lado: “Tengo que poner orden y dar ejemplo… ese hombre me ha faltado el respeto” ... “Pero si ese hombre era vuestro… dijo CAP… que se lo hubieran podido llevar cuando hubieran querido, si pasaba delante de sus garitas todos los días”.

Me dictó una carta para Bush de condena dura, sin matices ni ambages y me preguntó: “¿Qué no hicimos bien… qué se nos pasó? Hablamos con los dirigentes del PRD y del Gobierno aquí cuando vinieron a buscar apoyo y consejo, y les dije que si no corregíamos el rumbo habría una invasión… ¿Recuerdas aquella vez que fui a Panamá y me recibió Noriega en la base aérea de la FAP con frases destempladas y humillantes de ese joven dirigente de San Miguelito y no me dejaron entrar al país?

¿Recuerdas que luego, de terco, nos fuimos sin invitación y Noriega nos recibió en Calle Cincuenta y no nos dejó pasar ni a la sala, ni nos invitó a sentar y nos dio un sermón patriotero y se marchó sin despedirse?…

¿O de cuando te envié a Washington para que hablaras con Felipe González, en visita oficial, para que disuadiera a Bush de la invasión y no logramos nada?…

¿Y de cuando te enviamos Lusinchi y yo con el General Jefe de nuestra Casa Militar para convencer a Noriega de marcharse al refugio seguro que le ofrecía Felipe y les recibió con aquel acto del machete y cinco minutos en la Comandancia rodeado de sus fieles?

O cuando ya había empezado la cuenta regresiva y te envié a Houston a hablar con Martín, Blandón y el Coronel Herrera para formar una columna de panameños que entrara por Costa Rica, pero ya no tuvimos tiempo?”

‘Subestimamos la moral del amo’, me dijo Carlos Andrés. Y yo le dije, mientras se me atragantaban las palabras: ‘Y subestimados la moral de los esclavos’.

Pocos los heroicos y valientes, los que abandonados por militares y políticos ‘civilistas’, fueron encarcelados o fusilados en aquella madrugada siniestra. Otros, no pocos, los esclavos militaristas que se habían retomado el poder para liquidar el compromiso democrático del Comandante Torrijos y cómplices, pasivos o activos de su asesinato, remilitarizaron la Guardia hasta convertirla en un destacamento de soldaditos nativos al servicio de la doctrina de seguridad nacional del amo y, que, por ello, petulantes y engreídos, creyeron que podían jugar con el gorila.

¿Y los esclavos ricos? Como lo habían hecho siempre, doblegaron la cerviz cuando el amo rugió, arrastraron consigo a los esclavos pobres y todos renunciaron a ser.

Hoy, treinta años después, el amo regresa, nos gruñe al oído, rebrota perversa la moral de los esclavos que meten reversa furiosa para desdecir acuerdos y renunciar al destino geopolítico y logístico de la nación… ¡Porque al amo no le gustan los chinos!

El autor es politólogo


Última Hora

  • 23:39 El Niño se intensifica en Panamá: sensaciones térmicas podrían alcanzar los 45 grados Leer más
  • 23:01 Gobierno ordena cierre de oficinas públicas este martes por partido de la selección nacional Leer más
  • 23:00 Bad Bunny, primer artista latino en recaudar 1,000 millones de dólares en giras Leer más
  • 22:30 Presidenta de Costa Rica destituye a siete jefes policiales por reprobar prueba del polígrafo Leer más
  • 22:28 Las grietas de la democracia quedan expuestas en foro de la OEA Leer más
  • 22:09 Panamá vs Croacia: Otra hora de la verdad Leer más
  • 21:55 La era de los Oriundi Leer más
  • 21:52 Panamá destaca sus ventajas logísticas y comerciales para atraer inversiones en América Leer más
  • 21:49 Mbappé alcanza a Ronaldo Nazario con 15 goles en la lista histórica de todos los mundiales Leer más
  • 21:46 La increíble historia de las actas del Congreso Anfictiónico: de un maletín a su regreso a Panamá Leer más