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Historia urbana

La invasión y los espacios de memoria

La invasión de Panamá por las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuyo 30 aniversario se conmemora hoy 20 de diciembre, es un episodio aún abierto en los registros y en la memoria del colectivo social panameño. Este año son múltiples las iniciativas que tratan de documentar, narrar, reconstruir la memoria sobre un episodio en la vida de nuestra nación, mismo que aún tiene múltiples ribetes por analizar, evaluar y dimensionar sobre nuestra sociedad.

Leí con interés sobre la disponibilidad por parte de interesados, de importante documentación sobre este triste episodio, ahora accesible desde la web. Cientos de documentos desclasificados en formato PDF pueden ser consultados por investigadores y público en general. Califico esto como un importante avance en materia de información que permite tener una interpretación más detallada de esta acción militar contra la sociedad panameña. Hay dentro de las actividades conmemorativas, presentaciones de libros, narraciones, crónicas, exhibición de fotografías, videos y conversatorios. Todos ellos, eventos y escenarios que considero muy valiosos y que aportan a recuperar la memoria sobre la acometida de guerra perpetrada contra los panameños y panameñas.

Los cientistas sociales reflexionan sobre la relación entre memoria y espacio; en la que la memoria se reconoce como una construcción social levantada desde lo cotidiano en una intrincada relación con el espacio y la territorialidad. La construcción de la memoria está erigida sobre una trama social en la que lo espacial es indisoluble; esto último con elementos territoriales, físicos y/o arquitectónicos reconocidos y plenamente identificados. Estos elementos en su conjunto retrotraen y ayudan al individuo, una vez frente a ellos, a una memoria que está vinculada a dicha materialidad. Los espacios de memoria se refieren a este concepto.

En el caso de la invasión a Panamá, son espacios de memoria el barrio de El Chorrillo, el Cuartel Central, el Jardín de Paz, entre algunos. Otros referentes fueron la antigua sede de la Embajada de Estados Unidos en la Avenida Balboa y la residencia particular del general Manuel Antonio Noriega, para mencionar algunos. En el caso de estos ejemplos, todos y cada uno de ellos han sido eliminados de la trama urbana mediante acciones concretas de demoliciones, lo cual hacen imposible, a las actuales y futuras generaciones de panameños, participar de la construcción y la permanencia de la memoria colectiva y particular de los eventos del 20 de diciembre de 1989. “Recuerdo como fue incendiado el Cuartel Central y las casas y edificios contiguos”, podrán contar algunos sobrevivientes. “Los tanques se apertrecharon frente a La Casa de Piedra… los cadáveres se acumularon frente al antiguo caserón donde fueron incinerados después de tres días… “ ¿Cuál Cuartel? ¿Cuáles casas o edificios? Hoy no existe nada que permita reforzar o simplemente recordar qué eventos ocurrieron, y lejos también reconocer las vidas que fueron diezmadas en ese escenario. La materialidad asociada al hecho desapareció o simplemente no existe, bien por el hecho violento, o bien por una acción dirigida a que no permaneciese más en el espacio y sobre el territorio.

Quedan hoy sobre el territorio muy pocos o casi ningún elemento que permita asistir a la memoria colectiva y la construcción de un recuerdo asociado al territorio. Uno de ellos es la casa No. 1 del general del Comando Sur, la cual aún no ha sido demolida en el barrio de Quarry Heights, pero sí el tiempo y la desidia se encargará de hacerla desaparecer, sumándose a los espacios no existentes que aportan a la construcción de esa memoria.

La sede del Comando Sur, en las faldas del Cerro Ancón, también ha sido vedada al acceso público y de los ciudadanos al ser designada como la sede del Consejo de Seguridad. Ningún panameño tendrá la posibilidad de entender, interpretar y conocer algunos de los lugares aún existentes desde donde se fraguó la invasión a Panamá.

Entiendo e interpreto que aún los muertos están por contar e identificar. Los espacios de memoria asociados a la invasión, bien han sido disueltos sobre el territorio, olvidados y eliminados de la memoria colectiva; los que persisten están por desaparecer o simplemente son lugares prohibidos. Documentar la invasión a Panamá del 20 de diciembre de 1989 es un evento cada día más difícil de interpretar; estará lejos de ser digerido. Considero que, en ausencia de la referencia espacial que vincula el proceso de construcción de memoria, asociada al territorio –determinado por los espacios de memoria- será otro ausente en la construcción de la verdadera historia de la invasión a Panamá, aquel fatídico 20 de diciembre de 1989.

El autor es ingeniero


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