Solo existe un ser en el Universo que no tiene obstáculo de límite: Dios. La enseñanza que no deja el encallamiento del buque Ever Given, de la línea marítima Evergreen, en el Canal de Suez, solo reafirma la lección legada en el pasado siglo por notables científicos del ambiente, cuando en la obra “Los límites del crecimiento”, nos hacían entender que cuando los recursos son finitos, no se puede trabajar como si no lo fueran.
Un mega buque de 400 metros de largo, 59 metros de manga, 200,000 toneladas de peso, capaz de soportar hasta 20,000 contenedores, yacía atravesando una de las rutas marítimas comerciales más importantes del mundo, e impidiendo el tránsito de cientos de buques en ambos extremos del canal, con afectaciones enormes en el plano económico, sobretodo, y consecuencias en el aumento de precios de mercaderías y commodities, tal como el caso del petróleo.
¿Dónde hay que buscar la falla de esta catástrofe? En principio se ha señalado una tormenta de arena, incluso se ha mencionado error humano. A mi humilde juicio, la falla principal es haber sobreestimado el Canal de Suez y su capacidad para soportar el tránsito de semejantes monstruos del mar, que nunca dudaron sus constructores, que un evento como el ocurrido se pudiese presentar.
Cual ballena encallada, ahí estaba la gigantesca mole haciendo un indignante tributo a la economía de escala, tomando como correcto sus propietarios, que es posible no poner límites cuando de negocios se trata. El Canal de Suez no es una panacea, si así lo pensaron sus dueños y las navieras que controlan el comercio marítimo mundial.
Queda en evidencia la falta de previsión al sobredimensionamiento de portacontenedores y de eventos fortuitos, en una casualidad de combinación, que jamás se tomó en cuenta de estos dos factores
En nuestro mundo se trabaja con limitantes, esto es un principio irreductible. Y lo ocurrido en Suez no es más que una gaznatada al comercio marítimo mundial, por sus ambiciones desmedidas y sin límites.
Aprendamos los panameños de esta lección y reconocer nuestros límites y posibilidades reales, en un futuro de nueva ampliación, cuando se prevea la admisión de dimensiones de naves, para el tránsito en nuestro Canal.
El autor es docente universitario
