El 11 de septiembre reciente falleció el genocida Abimael Guzmán, “presidente Gonzalo” para sus acólitos, fundador del grupo terrorista Sendero Luminoso. Su guerra maoísta de 20 años en contra del Perú causó la muerte de por lo menos 70,000 personas y pérdidas materiales superiores a 21 mil millones de dólares.
Impulsor desde la Universidad de Huamanga, Ayacucho, del llamado “pensamiento Gonzalo”, presumió ser la cuarta espada del comunismo y sucesor de Marx, Lenin y Mao. De las meras acciones simbólicas como el ataque al centro de votación de Chusqui, el 17 de mayo de 1980, víspera de las elecciones presidenciales que pusieron fin a doce años de dictadura militar, o la aparición de perros colgados de postes con carteles que denunciaban la apertura china pos Mao, pasó a aliarse con narcotraficantes que actuaban en la sierra centro-sur del Perú, cometiendo terribles masacres de campesinos, para finalmente atacar en las grandes ciudades de la costa, colocando coches bomba que sembraron el terror en una ciudadanía impotente ante la ineficaz reacción de la policía y las fuerzas armadas peruanas.
Esto fue así hasta el 12 de septiembre de 1992, día en el que funcionarios del Grupo Especial de Inteligencia (Gein) capturaron al líder genocida junto a altos mandos senderistas, generándose así el colapso militar de la organización. Tras ello, Guzmán ordenó desde la cárcel la fundación del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef), la pantalla política de Sendero Luminoso, que tramitó su inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones, solicitud rechazada ante la apología al terrorismo de sus dirigentes, actividad prohibida y penada por la legislación peruana.
La muerte de Guzmán no garantiza la paz interna en el Perú. Movadef penetró la sociedad peruana y su presencia ha cobrado realce con la llegada de Pedro Castillo a la presidencia del Perú, toda vez que el citado político no se ha deslindado del citado colectivo que trabaja junto a su partido Perú Libre, organización fundada por el marxista-leninista Vladimir Cerrón, quien, tras verse condenado por actos de corrupción cometidos cuando fue gobernador de Junín, se vio imposibilitado de postularse, por lo que nominó a Castillo, un maestro con amplio recorrido sindicalista vinculado, entre otros grupos radicales, al Movadef.
Es así como el peligro terrorista no cesa ni para el Perú ni para la región. Debemos actuar cuando los tentáculos del Movadef, ahora socio del gobierno peruano, trata de penetrar nuestras sociedades. Sus militantes están divorciados de la democracia, tanto así que incluso ministros del actual gobierno de Lima, empezando por el primer ministro Guido Bellido, están siendo investigados por la fiscalía peruana por hacer, entre otros delitos, apología al terrorismo, sin dejar de mencionar que suscriben la línea de confrontación dialéctica ordenada por Cerrón y acatada por Castillo.
Los países vecinos deben tener sumo cuidado para no caer presas de los cantos de sirena ante la inminente llegada de agentes inescrupulosos devenidos en embajadores. Ese es el caso específico de Panamá, en donde reportes de prensa provenientes de Lima indican que el señor Richard Rojas ha sido designado como entrante embajador peruano, siendo importante señalar que Rojas no es diplomático de carrera, sino que fue jefe de campaña de Pedro Castillo y hombre de confianza de Cerrón, fungiendo como actual secretario nacional de organización de su partido.
La Cancillería panameña debe tener mucho cuidado a quien le da el plácet, en caso de confirmarse la solicitud por las actuales autoridades de Lima. Por tratar de quedar bien con el gobierno que por ahora representa a una nación siempre amiga como lo es y será el Perú, pudiera ser que se este abriendo la puerta de la casa a un peligroso Caballo de Troya que abusará de la hospitalidad panameña y no dudará en usar su centro financiero para sus viles propósitos.
Tomemos precauciones, porque la muerte de un genocida no significa el fin del terror.
El autor es licenciado en educación e historia, Universidad Hebrea de Jerusalén
