Y… se produjo la primera crisis de gobierno de la actual administración, como consecuencia de la fuga de un renombrado delincuente y la alta tasa de criminalidad en el país.
El incremento de la criminalidad, que engendró cincuenta y cinco homicidios en el mes de enero pasado y la mencionada fuga, justifican la remoción de los altos mandos responsables.
Pero la pregunta que debemos todos hacernos es si el remover, nombrar y hasta exigir que se tomen medidas similares en el mando de la policía, que en su momento deben tomarse, se resolverá o menguará el problema. Esta pregunta no implica que cuestione las medidas tomadas por el señor Presidente que, repito, las creo necesarias por diferentes razones. Pero, sinceramente, no creo que constituyan ni siquiera el inicio de la solución.
El problema de la delincuencia y criminalidad requiere de un programa con objetivos inmediatos y mediatos, respaldados por una voluntad política férrea y estricta.
Las raíces profundas de este problema son múltiples y quizás la policía sea el último eslabón de una cadena de hechos preventivos, correctivos y de castigo al delincuente.
Al equivocarnos respecto a este concepto, el de que la policía es la responsable, los civiles los incitamos a que ellos tomen el control de la situación y luego nos quejamos si interrumpen el orden democrático.
El poder económico de los delincuentes es inconmensurable, por ello la primera medida de prevención es destruir, confiscar y secuestrar todas las fuentes de abastecimiento financiero de los transgresores de la ley, ya que con dichos medios corroen, compran, asesinan y secuestran a toda la sociedad.
El Ejecutivo, el Ministerio Público y el Judicial deberán constituir sistemas preventivos contra la corrupción interna de sus estructuras, al tiempo que gestionan la devolución de todo lo mal habido en los gobiernos de la época democrática e impongan el imperio de la ley, sin ningún tipo de fuero o distinción; debe regir de tal manera que los anteriores, actuales y futuros transgresores sientan que les caerá todo el peso de la ley. Así la sociedad apoyará las medidas que se adopten respecto a este y otros grandes problemas que tenemos en el país.
Para la reactivación económica y para satisfacer las necesidades básicas que requiere la población se deben crear, por medio de la inversión estatal, la mayor cantidad de puestos de trabajo para reparar escuelas, edificios públicos, calles con buena señalización y jardinería, ornato en nuestras ciudades, reparando la red de distribución de agua potable, construyendo aceras y parques etc., necesidades básicas sentidas por la comunidad. Todas estas acciones crean empleomanía directa e indirecta y son obras mucho menos onerosas que las asesorías y los abultados salarios devengados por algunos privilegiados.
Estas medidas, junto con otras que ya se han tomado, como la cancelación de la deuda heredada del gobierno anterior, pronto acelerarían la economía del sector privado. Todo esto mientras se ponen en ejecución las grandes obras del Estado.
De esta manera se le quitaría clientela a las pandillas, que ya tendrían menos recursos financieros y menos jóvenes a su disposición.
Si todo esto no se acompaña de una verdadera revolución en la educación, que cambie la inequidad social que existe en nuestro país, preparando a nuestra juventud, no para manualidades, sino para la era moderna de la inteligencia artificial con valores excelsos, cada vez más nos hundiremos en el fango del tercer mundo y la mediocridad, a pesar del excelente crecimiento económico.
Crecimiento que solo favorece a los poderosos de la economía y a la delincuencia. !Que coincidencia! que al final quedan unidos algunos empresarios con los delincuentes.
Lo descrito no demerita ni elimina los necesarios programas de resocialización de jóvenes susceptibles de serlo. Los que no lo sean, castigo ejemplar y alejarlos del resto de la sociedad.
El problema tiene orígenes y soluciones políticas, sociales y económicas. Por esto sostengo que a pesar de ser necesaria una reestructuración de la planilla y la estructura de la Policía Nacional, que se ha hipertrofiado en mandos como un elefante, pero sin la fuerza y efectividad de ese paquidermo.
Sin un programa y objetivos definidos, el narcotráfico y lavado de dinero se apoderarán de toda la estructura de gobierno, como ya lo ha hecho con figuras de nuestro mundo político y empresarial.
El autor es neurocirujano y exministro de Estado
