A todos los gobiernos “democráticos” de la post invasión les ha pasado como la fábula del alacrán y la rana. Un alacran necesita cruzar el río y una rana se ofrece para ayudarlo. La rana duda puesto que sabe que los alacranes son traicioneros y piensa que este le puede clavar su aguijón. Al final la rana cede ante los argumentos del alacrán pero a mitad del río, el alacrán le clava el aguijón. La rana moribunda le reclama al alacrán por su promesa no cumplida, y este sencillamente le responde “lo siento, pero es mi naturaleza”.
La naturaleza del alacrán se puso en evidencia demasiado rápido en la crisis sanitaria por cuenta de la Covid 19 y le restó fortaleza a las promesas de campaña emitidas por Laurentino Cortizo, y su jefe de campaña Gabriel Carrizo, en la que se hablaba de cero corrupcion.
Algunos politólogos aseveran que la pandemia ha dejado en “coma” al gobierno de Cortizo, primero por los sonados casos de los ventiladores a enormes sobrecostos que puso en jaque la credibilidad del discurso “enlatado” de Cortizo sobre la corrupción. Luego está lo de las cifras de contagiados y muertes por el virus que resultaron ser de los más altos de la región y que el MINSA trató de maquillar con un discurso técnico-propagandístico salpicado de interrogantes.
Luego de estos hechos y casi de manera simultánea salen a relucir las “perlas” del nuevo hospital modular con material reciclado y a un precio que al parecer no cuadra porque no existe un inventario detallado y claro de adonde fueron a parar los millones para esta obra.
Y es que a la Nitocracia le tocó enfrentar una situación inesperada, puesto que la Pandemia jamás estuvo en los planes de “unir fuerzas” como tampoco el poder de investigación y filtración de datos que viajan a una velocidad de los mil demonios en las redes sociales. Los memes, las noticias falsas o no y algunas glosas que resultaron ser verídicas tienen más poder de convencimiento que cualquier acalorado discurso.
Sin embargo, el error más “garrafal” de la “Nitocracia” consiste en no decir nada o no explicar en el momento oportuno algunos hechos que fueron puestos en evidencia y fueron “asoleados” en las redes sociales. Por ejemplo, para muchos fue una ingrata sorpresa saber que Enrique Lau, una figura con un lastre de cuestionamientos en su paso como cercano colaborador del ex rector de la Universidad de Panamá, Gustavo García de Paredes fuese nombrado como director de una institución tan sensitiva como la Caja de Seguro Social.
Muchos miembros del PRD se quedaron “boquiabiertos” cuando Cortizo designó a Gabriel Carrizo como su vicepresidente por encima de figuras femeninas de trayectoria dentro del partido gobernante como lo es Zulay Rodríguez quien llegó en segundo lugar en las contiendas internas del PRD. Para los que no entienden matemáticas políticas, llegar segundo es ser sencillamente la segunda fuerza. Sin embargo, Gabriel Carrizo fue una especie de “conejo sacado del sombrero” que causó la primera desilusión de muchos cuadros de tradición en el PRD.
Otro aspecto que cayó como balde de agua fría para los miles de necesitados y pobres en Panamá, fue la creación de un bono solidario de ochenta balboas en un país con tantos recursos económicos como Panamá. Sencillamente la comparación con los bonos de otros gobiernos del área centroamericana deja al gobierno de Cortizo como un verdadero “tacaño” no olvidemos como los altos salarios de los recién nombrados “youtuber” e “influencers” dejó abierto un gran resentimiento dentro del partido gobernante.
En Panamá el poder de los bancos y las megaempresas siguen dictando las pautas y el ritmo de la música que bailan los gobiernos, pese a existir una crisis sanitaria. Un buen día y quizá ante la avalancha de cuestionamientos el MINSA anunció el cierre de las conferencias vespertinas y se despidió dejando a todos esperando el “famoso pico de la pandemia” y la fase de “meseta”. De ahora en adelante conoceríamos el número de muertos y contagiados que van en aumento por medio de escuetos comunicados que buscaban minimizar la exposición y desgaste de las figuras. El plan no funcionó y han tenido que volver a la vieja fórmula para dar las últimas noticias. Me parece que volvimos muy apresuradamente a la “nueva normalidad” porque la acumulación económica y de riqueza no podía estar más en cuarentena. Es decir una especie de “sálvese quien pueda”.
Es muy probable que en la “Nitocracia” ocurran cambios de figuras en Ministerios e Instituciones para darle un “aire” a la maltrecha imagen del gobierno en medio de la Pandemia, pero esto solo es un estilo de gestión en las “democracias restringidas” de América latina. Esta jugada no resuelve las crisis o antagonismos que están en la naturaleza del sistema, al igual que la fábula del alacrán y la ranita.
El autor es sociólogo y docente