Emprendimiento

La nueva normalidad y los obstáculos burocráticos

Dichoso el que no ha vivido o escuchado sobre el infernal calvario de la burocracia institucional. Cualquier trámite, por tonto que sea, se demora semanas o meses y en algunos casos años. Si el funcionario que llevaba a cabo el trámite se va de vacaciones, se pierde el cálculo del tiempo estimado; si hay “cambio de gobierno” lo que se pierde es el trámite mismo. Mientras tanto, todos pagamos nuestros costos fijos y nuestros impuestos que vienen en paquetes de distintos montos, formas y sabores: paz y salvos, timbre aquí, timbre allá, que si el pago al municipio, que si el notario y si continuo la lista se extiende ad infinitum.

Este pago sin fin de tazas y formalidades, las filas interminables y los miles de disgustos que nos proporciona el Estado no son una novedad. Esta tortura interminable viene desde antes de 1903. Según notas del economista canadiense John Kenneth Galbraith, en la época colonial hispanoamericana existieron hasta 400 mil leyes que regulaban la administración de las colonias españolas a la vez. Es un mal latinoamericano y no exclusivo de Panamá. Esta situación ha asesinado demasiados emprendimientos o sueños y es una verdadera enfermedad del Estado que jamás ha sido atendida como se merece y se propaga creando un ambiente de zozobra y apuro en nuestra sociedad. En mi caso tengo una empresa que empezó a finales del 2018 y hoy se encuentra al borde de la quiebra debido a que, a casi dos años de el emprendimiento, aun no se resuelven los trámites para poder dedicarme a la actividad principal del negocio. Todo este tiempo he estado inventando productos y servicios, que no estaban planeados, solo para sobrevivir. Emprender ha sido una verdadera odisea y en este tiempo solo se ha perdido la posibilidad de generar empleo para aportar a la economía del país de manera óptima.

Ante la difícil situación de una pandemia mundial y las consecuencias de las justificadas medidas para detener su propagación, nos vemos al borde de una depresión económica comparable a la década de 1930. Con preocupación veo que el tema central en nuestro país gira en torno al dinero. Tristemente la conversación se trata de cuánto dinero dará el estado para incentivar los sectores económicos y la transparencia en dicha repartición hipotética.

Dejar el tema solamente en un desembolso de dinero o crédito es como poner una alfombra encima del polvo que no queremos en la sala. Las partes están dando por sentado que todo el descalabre económico es producto de la pandemia; cuando la realidad es que la situación de emergencia solamente es la cereza de un pastel gigantesco.

Propongo que cambiemos el tema central de esta discusión y nos enfoquemos en que debemos reducir la burocracia y “matamos dos pájaros de un tiro”. Diferentes estudios y reportes del Banco Mundial sugieren una correlación positiva entre los niveles de burocracia y de corrupción. Reportes del 2017, 2018 y 2019 muestran como Latinoamérica es un foco de esta enfermedad de los Estados. A parte, la excesiva burocracia entorpece los emprendimientos y a su vez reduce la capacidad de generar empleos y la productividad del eEstado. Es necesario que el Estado pueda corroborar la información requerida para cada actividad y determinar la legitimidad de esta, pero debe hacerlo en un tiempo prudente. La mejor manera de “reactivar” nuestra economía es aumentando la facilidad para hacer negocios, aportando a las pequeñas y medianas empresas, reduciendo la burocracia y la corrupción. Además, generaría empleos. Una manera pésima sería que nos den dinero solo para que se desvanezca mientras esperamos trámites que nos permitan operar y facturar. Lo que necesitamos realmente del Estado es que todos los funcionarios por primera vez en la historia de la nación trabajen juntos con verdadera vocación para que estas formalidades exigidas a fin de realizar cualquier compra, venta, importación, exportación, registro, solicitud o cualquier trámite necesario para cualquier actividad económica se muevan a la velocidad mínima requerida. Lo mejor que puede hacer el Estado panameño es de una vez por todas reducir la burocracia y las llamadas “trabas” para que todos podamos prosperar en una “nueva normalidad”.

El autor es licenciado en estudios ambientales y emprendedor

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