Toda la población es susceptible a la Covid-19, porque nadie tenía defensa (inmunidad) ante este nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). La inmunidad solo se desarrolla por el contacto con el virus o a través de una vacuna que no hay en este momento. Por este motivo, el aislamiento es una medida efectiva para disminuir los contagios, pero siempre se debe garantizar la seguridad alimentaria de los más necesitados y vulnerables.
La cuarentena permite un desplazamiento de la curva de casos hacia la derecha, con el objetivo que los infectados se presenten poco a poco y el sistema de salud los pueda atender sin colapsar y evitar la mayor cantidad de muertes posibles. Su meta principal es salvar vidas, manteniendo capacidad de respuesta sanitaria, en especial, los cuidados intensivos. Sin embargo, tiene un costo económico importante y en algunas situaciones con consecuencias devastadoras.
Eventualmente se debe “liberar” la cuarentena para tratar de volver a la “nueva realidad” y disminuir el impacto sobre la economía y reconstruir el país. Pero esta decisión debe tomar en cuenta varios factores que son imprescindibles para el éxito de la misma. La población debe estar informada que será un proceso paulatino donde algunas personas saldrán antes que otras y que existe la posibilidad de regreso al confinamiento en caso de rebrote importante.
Para empezar, debemos tener una tendencia clara al descenso de los contagios, por lo que el índice de reproducción efectiva (Rt) debe ser menor de uno. El sistema de salud debe estar en capacidad de poder responder ante la posibilidad de un rebrote. La vigilancia epidemiológica debe contar con las pruebas de detección viral necesarias y el personal de salud con los equipos de protección suficientes.
Las fases iniciales deben priorizar inicialmente a las personas de bajo riesgo (jóvenes sanos) y trabajos donde se pueda garantizar el distanciamiento físico. Es también muy importante tener en cuenta la cantidad de gente que saldría a la calle en cada fase y procurar que sea un número máximo que permita, en caso de rebrote, una respuesta adecuada por el sistema de salud de la región. Esta cantidad de gente debe ser proporcional a la capacidad de resolución del sistema de salud de ese momento.
Otro factor muy importante a tener en cuenta es que cada fase debe ser evaluada 3-4 semanas después de iniciada y antes de empezar la siguiente, para conocer su impacto en el sistema de salud y así decidir retrasar o no la apertura de la siguiente fase.
Por último, pero no menos importante, es que antes de iniciar el proceso de “liberación”se deben tener los criterios médicos-técnicos que nos obligarían a retroceder en las medidas de apertura. Esto debe estar muy claro y ser del conocimiento público.
Creo que Panamá está atravesando esta crisis de forma transparente y no nos podemos permitir fallar en la reapertura. La población tiene que cooperar, y mucho, en el cumplimiento de estas medidas.
Debemos comprender que a algunos les tocará trabajar antes que a otros, pero todos, cuando salgamos, debemos usar mascarillas, tener gel alcoholado y evitar los saludos de manos, besos y abrazos.
Si todos cumplimos, habrá menos muertes que lamentar y será más fácil recuperar la economía.
El autor es gastroenterólogo