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Sistema político

La oposición sin sombra

Desde hace algunas décadas, a través diversos escritos, comentarios vertidos en programas de radio y televisión, y en uno que otro artículo que algunos diarios me han publicado, he venido afirmando que en nuestro sistema político, no existe la dicotomía, gobierno–oposición.

Siendo que los únicos autorizados para participar en contiendas electorales son los partidos, la única función que han desarrollado hasta el día de hoy es la de presentar candidaturas a ocupar diferentes cargos políticos. Quien gana la elección es quien ejerce el gobierno, y el que pierde sencillamente busca la forma de colarse o insertarse en la administración del ganador.

Al final todos resultan ser la misma cosa, no existiendo ningún tipo de diferencias entre los que ganaron y los que perdieron, quienes generalmente están emparentados por lazos de sangre o de afinidad (el país de los primos, como decía Omar Torrijos), y no existen ideologías políticas, económicas o sociales que los distinga en modo alguno.

Con el cuento de la “gobernabilidad”, todos los que participan se reparten el pastel, dependiendo de la capacidad estomacal que tengan, con cuanto, en dólares y centavos, hayan contribuido al “triunfo” por mas precario que este haya sido. Aquí si hay cama para tanta gente. No encontramos en el espectro político panameño ningún partido que, desde hace décadas, pueda identificarse de oposición. Hablar del PRD, Arnulfista o Panameñista, Cambio Democrático (el fenómeno electoral mas reciente) o de cualquiera de los partidos satélites que se les pegan una vez conocido el triunfo; carecen de ideología o filosofía política que pueda enfrentarlos algún día. Son mas de lo mismo y lo mismo de siempre. No pueden catalogarse de ser “oposición” a nada.

La oposición es el conjunto de personas, movimientos sociales o partidos políticos que se enfrentan al gobierno, cuando se aprecia que este no cumple con lo prometido o desvía el rumbo de alguna manera. En Panamá, la oposición se identifica únicamente con los partidos políticos que perdieron la elección para formar el Gobierno, mientras que, en otros países con mayor grado de madurez política, se identifica con las personas, grupos y organizaciones que de manera más abierta se oponen al gobierno y los medios de comunicación que publican información, que el gobierno quiere que sea restringida o ignorada de plano.

La forma más elaborada y efectiva de oposición, es la de los partidos políticos, pues en este caso la oposición no pretende la destrucción del Estado, sino exclusivamente su reforma dentro del cauce previamente acordado dentro del esquema constitucional. La oposición es uno de los grandes signos de madurez política de la democracia, solo que en nuestro país ha sido absolutamente prostituida y corrompida hasta el tuétano.

Mientras más garantías tenga una oposición honesta, mayores posibilidades de acertar tiene el sistema, porque en lugar de un criterio solitario se pueden sopesar varias posiciones antes de llegar a una conclusión más elaborada. A fin de cuentas, los partidos de oposición son solo canales de expresión de la inconformidad de la comunidad. Su tarea es mostrar la inconveniencia de las decisiones del gobierno, manifestar el descontento de la sociedad ante tales decisiones y defender las conquistas sociales frente a las arbitrariedades del poder.

Esa modalidad no es posible en Panamá. Fundar o crear un movimiento político o partido que pueda transformarse en oposición al estatus, es abrigar una ilusión o esperanza inútil, dentro de un país en el que el sistema electoral y la democracia misma están secuestradas por la partidocracia plutocrática que es la que dice quien puede ser candidato y con cuantos votos puede ser electo. Según las órdenes que se dicten a los sicarios de turno que están en el Tribunal Electoral.

A las mejores decisiones se llega por la deliberación, no por la imposición. El unanimismo nunca ha sido buen consejero y de ahí al autoritarismo solo hay un paso. Gobierno y oposición son dos extremos de un mismo proceso político, representantes ambos de un mandante común, por eso debe ser tan condenable el abuso del poder como el ejercicio de una oposición mezquina que solo busque satisfacer intereses personalistas.

Quienes nos hemos opuesto a ciertas medidas de este gobierno y que no ocultamos nuestro rechazo al mamotreto presentado a la asamblea de reformas, nunca claudicaremos tampoco en repudiar y calificar de traición a la patria el que se ponga en manos del PNUD la “mediación, arbitraje o facilitación” de nuestras aspiraciones de mejora constitucional, y con nuestro dinero, a quien es solo un brazo del mismo ente que permitió que un dictador como Nicolás Maduro sea parte del Consejo de Derechos Humanos.

Quienes promuevan, faciliten, permitan o toleren tal acto son reos de alta traición a la patria. Por eso es que decimos que tenemos una oposición sin sombra.

El autor es abogado


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