Sin duda, uno de los impactos de esta pandemia son las grandes exigencias de una transformación en la conducción de los gobiernos. Estos tendrán que planear y programarse mejor para poder ejecutar y controlar sus actividades de manera eficiente y así, atender las exigencias de los ciudadanos. Por otro lado, la pandemia nos dejará un país muy frágil con un incremento de la población vulnerable y con una alta sensibilidad a explosiones sociales, por lo que la función de planificación es necesario que se inicie con paso firme para sacarnos del modelo de atención de la coyuntura y empezar a mirar a mediano y largo plazo con un enfoque prospectivo y estratégico. Para lograr validación institucional, el proceso tiene que ser participativo y dinámico.
La planificación, según el enfoque neoliberal, dejó de ser una herramienta importante para la conducción del país, porque impuso al libre mercado como regulador de la economía. Pero más que entrar a este debate, abordaremos los elementos de un modelo de planificación convencional. La planificación como una herramienta que nos permite establecer una relación directa entre los fines, es decir, responder a preguntas como: ¿Qué tipo de sociedad queremos ser?, ¿Cuáles son nuestros objetivos de desarrollo y metas nacionales? ¿Qué recursos requerimos y como los vamos a asignar? y por otro lado, ¿Cuáles son los medios que disponemos para alcanzar esos propósitos? Lo que implica de salida, es que el tema es de amplia participación y lograr grandes consensos.
La primera herramienta de este modelo convencional de planificación es el diagnóstico. Vale la pena puntualiza que poseemos para ello con grandes expertos. Hay muchos diagnósticos elaborados en áreas, variables específicas (empleo, educación, pobreza, vivienda, temas regionales y nacionales). Recientemente en años pasados, la Universidad de Panamá realizó con sus unidades académicas un diagnóstico de las principales regiones del país y el mismo fue entregado a todos los candidatos a la presidencia del país, para que lo consideraran en sus programas de gobierno.
El diagnóstico desde el punto de vista metodológico, no solo nos permitirá saber dónde estamos, sino también establece nuestra línea base o punto de partida. El diagnóstico de la situación del país, es la base para la formulación del Plan de Desarrollo Nacional, que es la herramienta que establece en un largo plazo, objetivos y estrategias que nos proponemos para transformar los problemas en soluciones, con consecuencias favorables para la sociedad.
La definición de programas y políticas, que a mediano plazo aborden los problemas identificados y consensuados, con la participación de los sectores nacionales, es un componente clave como mecanismo de vinculación de mediano y largo plazo. Este proceso de planificación convencional requiere de una herramienta vital, los proyectos. Como mecanismos que concretan los programas y orientados por las políticas institucionales ayudan a alcanzar los propósitos a corto plazo, con el uso de recursos específicos, para contribuir al desarrollo nacional. Este mecanismo de proyecto requiere un proceso metodológico de enunciación, priorización y evaluación que enfrente los criterios políticos en la asignación de recursos (este es uno de los aspectos más sensitivos en el proceso de planificación).
El Sistema de Planificación para el Desarrollo, también requiere del componente de seguimiento y evaluación, que permite controlar y evaluar los avances y sobre todo cumplir con rendir cuentas a la sociedad. El Presupuesto, como expresión financiera de los recursos y su aplicación es un componente fundamental del Sistema de Planificación para el Desarrollo, por lo que debe alinearse con todos los otros componentes, de lo contrario se persiste en la práctica de atender problemas de interés de grupos particulares y se posterga el tema de la visión participativa del desarrollo de país.
Este último planteamiento, no deja de ser tan complejo por su connotación de los intereses políticos partidarios de grupos envueltos en el poder. La urgente necesidad de la concluir la apertura del Instituto de Planificación Nacional es un desafío, pero mayor es el reto de concretar la función de planificación que se debe dictar a través de políticas públicas claras en nuestro país. Veremos que proponen los que disponen del poder.
El autor es economista y docente universitario
