El pasado miércoles 16 de diciembre, se lanzó formalmente el anuncio de que el 2021 será el Año Iberoamericano de las Bibliotecas. Especialistas en el tema representando a distintas entidades, como el Cerlalc, la OEI y la IFLA, hablaron con sensibilidad inteligente. Quisiera reflexionar en este artículo sobre una consigna que se dijo en este evento y que generó una interrogante: las bibliotecas crean futuro.
Quisiera recordar, para tener el contexto más claro, que todo nace en la XX Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Cultura, celebrada en Bogotá, Colombia, el 17 y 18 de octubre de 2019, donde los altos funcionarios del sector cultura resaltaron el compromiso de los países iberoamericanos con la Agenda 2030 y “reconocieron el valor estratégico de la cultura para Iberoamérica, identificando los desafíos comunes, la diversidad y la riqueza cultural, como fundamentales para el desarrollo sostenible”.
Para cumplir con la Agenda 2030, desde la cultura, los ministros y ministras manifestaron la necesidad de afianzar la formulación de políticas culturales innovadoras para cumplir con los objetivos del desarrollo sostenible. Los funcionarios consensuaron un acuerdo que consta de 31 compromisos. El punto 30 del acuerdo declara que el año 2021 sea designado el Año Iberoamericano de las Bibliotecas.
¿Por qué las bibliotecas crean futuro?
Quisiera ayudarme de las palabras de Jeimy Hernández, coordinadora del área de lectura y bibliotecas del Cerlalc, quien nos ha recordado la importancia de las bibliotecas, de todas las bibliotecas, no solo las públicas, es decir, las escolares, las universitarias, las municipales, las especializadas, las comunitarias, las populares, las penitenciarías, las rurales, las digitales, las nacionales, las bebetecas. Jeimy dijo que se ha pensado y escrito mucho sobre las bibliotecas. Hay documentos, manifiestos, acuerdos, declaraciones y estudios que sustentan lo fundamental de estos equipamientos culturales para el desarrollo y la democracia. Entonces, ¿por qué son las instituciones menos favorecidas en nuestros países?
Si las bibliotecas constituyen una garantía fundacional para salvaguardar los derechos de la ciudadanía desde la liberación de información y conocimiento; si son los espacios donde grandes y chicos encuentran necesidades puntuales que enriquecen su pensamiento e imaginación; si son un canal para fomentar las buenas prácticas ciudadanas, como el diálogo entre los sujetos de distintas clases sociales, creencias e ideología que se descubren íntegros y con deseos de compartir experiencias; si son el lugar donde se desarrollan ejercicios cívicos para recrear el conocimiento y donde se fusionan las relaciones vinculadas a nuestra identidad, la memoria y la historia, ¿por qué razón no son visibles y reconocidas dignamente?
Para que podamos entender por qué las bibliotecas crean futuro, debemos replantear su función en el escenario de esta crisis y darles un lugar en el nuevo entramado social. También es preciso hacer esta pregunta: con la pandemia, ¿cuál es el correlato que nos ayuda a reflexionar desde la lectura y la cultura y que nos permite, a la vez, mediar entre las distintas tensiones socioculturles? Si seguimos pensando en las bibliotecas de manera estrecha como espacios donde solo se custodia el reservorio de la cultura, no podemos entender su valor en la sociedad y seguirán sin tener mayor importancia.
En esta era digital se cree que las bibliotecas ya no son importantes, porque todo lo podemos consultar en internet; nada más equivocado. Hoy se considera a las bibliotecas como espacios poéticos que fomentan no solo el encuentro con la información sino el encuentro con la diversidad y esto deviene en la posibilidad de construir muchas otras posibilidades en el marco de esta crisis. Por eso se ha hablado de nociones de bibliotecas que cuidan, solidarias, que tejen, que acompañan, que articulan, que acercan, y bibliotecas que transforman, porque el poder transformador de estas maravillosas instituciones es poderoso.
En la Conferencia Iberoamericana de ministros citada, también se asumió el compromiso de fortalecer las instituciones para promover entornos sostenibles, robustecer la infraestructura para cerrar brechas de acceso a la cultura y potenciar la inspiración como fuente de creatividad y de innovación, bajo el entendimiento de que la cultura es una herramienta que contribuye a transformar las realidades locales. Hoy día se habla mucho de cerrar brechas, pero una de las principales heridas que nos separa de la oscuridad de la caverna de Platón, es el acceso a la cultura desde la lectura como una de las principales fuentes de transmisión cultural.
En el lanzamiento del Año Iberoamericano de las Bibliotecas, Jeimy Hernández también citó a Blanca Calvo, una ejemplar bibliotecaria que ha comparado a las bibliotecas con las estrellas, por la luz que generan; son como un útero, porque son espacios que nos arrullan con amor; son como plazas públicas, donde la gente se encuentra para compartir alegrías y dolores. Más allá de estas hermosas metáforas, está la dura realidad de las bibliotecas en muchos de nuestros países y tal vez es el momento preciso para darles una nueva mirada.
El autor es escritor