Para hablar de las caras de la violencia hay que tomar en consideración la parte bioneuropsicosocial del ser humano. Una de esas caras tiene su génesis en el seno familiar que sin el control debido de las emociones negativas ocurre todo tipo de situaciones provocativas, ofensivas e irritables. No son de extrañar las diferencias de opiniones, las desautorizaciones entre los adultos y jóvenes, los gritos y golpes, las peleas y discusiones. La violencia doméstica es parte de esa convivencia humana. Los pequeños van recibiendo este tipo de enseñanzas. Es algo aprendido. Ese tipo de comportamiento se alimenta cuando vives en un área de mucha violencia, robos y asesinatos. Y si perteneces a una pandilla la situación empeora porque la conducta sociopática de las pandillas es la violencia sin tregua alguna. No hay respeto por el ser humano. Y menos habrá respeto por la vida. Eso se pierde.
En relación a la genética la situación pasa de generación en generación.
Niños con problemas neurológicos y psicológicos que desde pequeños muestran conductas agresivas, siendo muy inquietos. Tanta es su intranquilidad que es necesario medicarlos para poder controlar su impaciencia vs agresividad. Esta conducta acompañada de actitudes familiares desagradables es caldo de cultivo para la formación de un transgresor.
Otra cara de la violencia es el efecto que produce el crimen organizado y el narcotráfico. Recientemente la reyerta en la cárcel La Joyita con los quince muertos nos pone a pensar que la violencia entre pandillas, la venta de armas de alto calibre, así como, un sistema penitenciario a merced de los descuartizadores de la convivencia pacífica nos tiene en un peligro inminente. Jóvenes precisamente nacidos y criados en la violencia, sin oportunidades por un futuro mejor, donde su única salida es el bajo mundo de la drogadicción como alivio a sus penas donde la crueldad los intoxica y la muerte los acecha.
Se supone que en las cárceles están los que delinquen y que ésta se convierta en un centro de resocialización, pero no es así. El centro penitenciario es todo lo contrario. El crimen organizado los prepara, los hipnotiza y pareciera lavarles el cerebro para delinquir. No hay otra puerta de salida sino la cárcel o la muerte. Y la sociedad como simple espectadora al esquivar su mirada indiferente.
Ahora hablemos de otra violencia, la institucional provocada por estructuras económicas injustas. Esta cara de la violencia la encontramos en la venta de medicamentos y otros insumos. Los pacientes que teniendo seguro social deben comprar medicamentos que no tiene la CSS por alrededor de $500.00 hasta los $1,000.00 mensuales o mucho más. ¿Hacia que bolsillo va a parar ese dinero?
La enfermedad es un negocio lucrativo y cae en manos de uno o dos dueños de empresas farmacéuticas haciendo que nuestro país venda los medicamentos más caros del mundo. Por ejemplo, la Rivastigmina o Exelon cuyo uso es para tratar trastornos cerebrales que hasta hace unos meses la Caja de Seguro Social despachaba sin problema. En Panamá tiene un costo de $184.00 la caja de 30 parches, en Medellín, Colombia su precio es de $90.00. Aquí el precio de los medicamentos es exorbitante, así como, su pésima calidad dando pie a que una sociedad enferma deambule por la calle a la espera de una muerte sin aviso.
En el 2001 la Facultad de Farmacia y el Instituto de Análisis de la Universidad de Panamá inició un proyecto de fabricación de genéricos de uso común como la aspirina, antialérgicos, y otros, tuvo que cerrar sus operaciones por la presión de las empresas farmacéuticas al Ministerio de Salud. Los laboratorios nunca se usaron. Incluso la Facultad de Farmacia produce desinfectantes, detergentes líquidos, limpiadores, etcétera no salen al mercado porque los acuerdos del MICI con las empresas privadas no lo permiten. Igual con la miel de abeja de la Facultad de Agronomía de excelente calidad.
Así es que, no nos extrañemos si en la calle veamos a la gente diciendo incoherencias y con alucinaciones o con otro tipo de enfermedades producto del abuso en el precio de las medicinas violentando la calidad de vida de un pueblo porque sinvergüenzas con poderes económicos y ladrones de las esperanzas de un pueblo lucran con el sufrimiento del enfermo en complicidad con ciertas autoridades.
Verdaderamente que este país necesita un cambio profundo y una renovación inmediata o nos hundiremos en lo más bajo y ruin en que el ser humano puede llegar.
La autora es psicóloga clínica
