El cuerpo humano, para su correcto funcionamiento celular, depende de ciertas sustancias, entre ellas el colesterol. La ciencia criolla ha definido a las frituras, preparadas con los esenciales aceites callejeros, como el colesterol “malo” o popularmente denominado: “el tapa arterias”. No obstante, los médicos recomiendan ingerir alimentos ricos en HDL o, angelicalmente llamados, colesterol “bueno”. Al igual que el cuerpo, los Estados, específicamente democráticos, dependen de las personas que lo conforman. Sin embargo, cuando esta muchedumbre es excesivamente ajena a los asuntos del Estado e ignora su importancia, se convierten en la manteca de la democracia, ocasionando que sean utilizadas como herramientas que aceptan y sigan, sin cuestionamientos, la postura de un partido o de un líder en específico. Por lo tanto, la “democracia” queda caracterizada a ser de “agregación”, es decir, se sigue lo que la mayoría decida o, en el peor de los casos, cobra una connotación contradictoria como lo es la imposición. Por consiguiente, cabe no solo reflexionar sobre estos asuntos, sino tratar de plantear posibles propuestas para mantener una dieta balanceada que permita tener un Estado saludable.
En esta primera entrega me limitaré a desentrañar el concepto de masas. Particularmente para el lector silvestre cuando lee este término lo asocia, sin miramientos, a la muchedumbre que, en nuestra latitud tropical, de manera incorrecta es utilizada como sinónimo de gente pobre. No obstante, el concepto de masa se sobrepone al estatus social-económico del individuo. Ortega y Gasset nos advierte que masa es todo aquél que no se valora a sí mismo, que no se angustia y que le da igual sentirse idéntico a los demás. De igual forma, hace hincapié en que se trata de una división de tipos de seres humanos y no de clases sociales. Es decir, las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva.
La esencia de la masa ya era advertida por Parménides desde la antigüedad, cuando en el celebérrimo poema hace mención sobre los seres humanos que caminan bicéfalos, ya que piensan una cosa y después otra, se dejan llevar por las cosas que están a la mano, que son inestables, rápidas e inmediatas, por lo tanto, no les cabe, una opinión verdadera. Y si no comprendemos a primera instancia lo que nos advierte Parménides, el filósofo Friedrich Nietzsche, caracteriza al hombre moderno como un ser capaz de digerir muchas cosas sin necesidad de rumiar, ni mucho menos discernir en qué es lo que le conviene hacer y saber. Giovanni Sartori nos comentó en su obra Homo-Videns que esta masa está compuesta por individuos llamados: vídeo-niño, quienes una vez convertidos en adultos padecen de sordera, de por vida, a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita producto de la televisión y, en lo personal, agregaría el nuevo factor de las redes sociales.
Por lo tanto, cabe preguntarnos, ¿qué características presenta nuestra masa panameña? La masa panameña presenta elementos que no escapan de las definiciones realizadas por los filósofos anteriormente mencionados. Ambos se identifican por ignorar su propia ignorancia en los asuntos referentes al Estado. Se conforman con decir: sobre política no se discute o no me gusta la política y, por supuesto, todos los políticos son iguales.
A pesar de que los administradores del Estado tomen decisiones que vayan en detrimento de los que ellos juraron mejorar, la masa panameña, responde con quejas, caracterizadas por hashtags en el mundo virtual, para proseguir con sus actividades cotidianas, tales como: ir a consumir al Mall, criticar a la selección de fútbol y, por supuesto, alimentar su intelecto con Tik-Tok.
El autor es ingeniero industrial y estudiante de filosofía

