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Cultura vernacular

Las Mil Polleras y mil cosas más

El pasado sábado 11 de enero de 2020, se realizó en la ciudad de Las Tablas el desfile de las Mil Polleras, en el que se presentaron polleras de variados estilos, colores, acabados, de trabajo, de fiesta y hasta innovadoras. Polleras lucidas por diferentes generaciones de mujeres, desde las más jóvenes hasta las de la cuarta edad. Asumiendo que una pollera en lenguaje folklórico responde a una falda de gran vuelo que cubre desde la cintura hasta los tobillos, se lucieron casi todo el espectro que los especialistas han descrito en sus libros de folclore panameño.

En este desfile se pudo visualizar los diferentes matices que distinguen a unas clases sociales de las otras, y su evidente capacidad de recursos económicos para lucir un vestuario que se ha denominado vestuario nacional (la pollera), representativo de nuestra identidad cultural, más aceptada a nivel nacional. Estos matices se evidenciaron en la gran cantidad de polleras blancas hechas a máquina ( y no a mano, como artesanía, y de colores), igual que las faldas de zaraza(tela hecha en fábrica con diseños coloridos), los vestuarios de montunas (falda de zaraza con blusa de pollera), incluyendo a mujeres con pantalones negros pegados al cuerpo y una blusa con una o dos arandelas. Las polleras hechas a mano con labores bordadas a colores no eran tantas como se esperaban y en general fueron lucidas por mujeres de edades más maduras que por jóvenes.

En el caso de los hombres, sucedió algo parecido, porque pocos lucían camisillas hechas a mano con labores de igual acabado y con botones de oro, y la gran mayoría lucía camisas tipo Coletas con diseños de colores y en muchos casos con telas con adornos hechos en fábrica y no a mano(muy pocas con bordados de colores). La tonosieña destellaba con sus líneas rectas con fondos celestes y botones de colores, pero en menor cantidad que las camisillas tipo guayabera blanca. En los sombreros de los hombres se observaron muchos tipos como el de faena o trabajo, más que los de lujo, por su acabado de muchas vueltas en su confección.

Además de las Mil Polleras exhibidas este año, se presentaron mil cosas más que son parte de la esencia cultural panameña, como las expresiones de alegría de las cantalantes y sus músicos de a pie con instrumentos tradicionales o con las murgas en carros alegóricos, pasando por una aplaudida presentación de dos damas de un baile de salón con atuendos de ballet clásico estampados de labores folclóricas. Era obvio que los vestuarios folclóricos de lujo, tanto de los hombres como de las mujeres, no están al alcance del pueblo que desfilo ese día. Las representaciones de indígenas y grupos afrodescendientes con sus bailes y atuendos del ritual congo fueron de las menores en cantidad de delegaciones.

Finalmente, los conjuntos de música típica en sus carros alegóricos cerraron con broche de oro este evento, que a pesar de sus agotadoras 12 horas sigue mostrando otro Panamá.

El autor es sociólogo e investigador


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