Hoy vivimos un momento crucial en la formación de nuestros niños y jóvenes, en donde la necesidad de una renovación educativa es una tarea que no se puede posponer.
El desfase educativo en el que nos encontramos actualmente como país, el fracaso, la deserción escolar y los retos que han representado la educación durante la pandemia, son temas prioritarios que se deben atender para poder aspirar a cambios en nuestro sistema educativo.
La neuroeducación, la disciplina que estudia cómo aprende el cerebro, está dinamitando las metodologías tradicionales de enseñanza. Su principal aportación es que el cerebro necesita emocionarse para aprender y desde hace unos años no hay idea innovadora que se dé por válida que no contenga ese principio. No se puede enseñar sin conocer cómo funciona el cerebro y no se aprende si no hay motivación.
Francisco Mora, doctor en neurociencias por la Universidad de Oxford, doctor en medicina por la Universidad de Granada y catedrático de fisiología en la Universidad Complutense de Madrid, nos dice que la clave para que haya aprendizaje no está en fomentar las emociones en el aula, sino en enseñar con emoción.
El profesor Mora destaca la importancia que tienen las emociones en el aprendizaje. Todo lo que somos, pensamos, sentimos y aprendemos es fruto de nuestro cerebro, y podemos mejorar la educación, si tenemos de referencia cómo funciona nuestro cerebro y que sin motivación no hay aprendizaje.
Aplicando estos principios en nuestros actuales “salones de clase”, obtendremos grandes resultados. Estos y otros aportes de las neurociencias en el campo de la educación han impactado sistemas educativos enteros, logrando grandes transformaciones, no sólo a nivel curricular, sino también en el rol del docente, quien se ha replanteado su práctica pedagógica al constatar cuál es la mejor manera de llevar sus contenidos a sus estudiantes: “La verdadera transformación educativa se da de la mano de nuestros docentes”.
Estudios y observaciones del cerebro desde dentro, nos están permitiendo poder identificar aquellas prácticas educativas que activan las regiones cerebrales que son clave para el aprendizaje y justo de ahí surge la necesidad de promover ese acercamiento entre la neurociencia y la educación .
En Panamá, resultaba inaplazable hacer este acercamiento de las neurociencias a la educación.
Una de las iniciativas más importantes en estos temas ha sido las dirigidas por EducaMente, una organización que busca propiciar este enlace a través de capacitaciones para docentes, padres de familia y terapeutas en temas relacionados a las neurociencias y sus aportes a la educación y la crianza.
Uno de cada cinco niños presenta, en algún momento de su trayectoria escolar, algún tipo de problema de aprendizaje. Estas dificultades en el aprendizaje pueden ser pasajeras o bien permanentes.
Los niños con problemas de aprendizaje hacen un gran esfuerzo en seguir las instrucciones y concentrarse, pero justo su dificultad para captar, procesar y luego ejecutar las tareas e informaciones los hace ver muy desorganizados y despreocupados.
Aunque su nivel de inteligencia sea el mismo que los demás, no logran trabajar de la misma manera, y su conducta se desregula fácilmente.
Ayudar a niños con problemas de aprendizaje ha llegado a convertirse en uno de los mayores retos a los que puede enfrentarse un maestro.
Dadas todas las dificultades de estos niños, la necesidad de apoyo y ayuda externa es fundamental para que sus obstáculos no se conviertan en enormes muros que los diferencien de los demás y los dejen atrás. Los docentes deben sumarse a estos esfuerzos, y caminar junto a sus alumnos.
Esta iniciativa se la dedicamos a todos aquellos niños y jóvenes que superando estos obstáculos, unos más, otros menos, se mantienen en nuestro sistema educativo, pero con la necesidad de cambios que permitan nuevas y mejores maneras de lograr aprendizaje.
El Congreso EducaMente se llevará a cabo, en formato virtual, este 25 y 26 de septiembre.
La autora es magíster en neuropsicología y educación y una de las fundadoras de EducaMente