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Desarrollo

Las universidades regionales

Es importante reconocer que las divisiones por regiones en nuestro país son poco reflexionadas en las acciones de políticas públicas de los distintos gobiernos que discurren, porque se impone la división política administrativa de provincias en forma ortodoxa y no en esmero a su desarrollo. No por casualidad se habla en el interior del país de dos regiones plenamente marcadas en la nación: el de las metrópolis (Panamá y Colón) y el resto después del puente (de Las Américas, que cruza el Canal de Panamá).

La primera, inmediatamente atendidas sus necesidades, ya que al vivir en un modelo de economía terciaria de Estado, se hace importante para la mayoría de los gobernantes presentar una fachada de vitrina con el retoque constante de las ciudades puertos de ambos océanos; la segunda región, altamente olvidada, descuidada en su agro y producción local, creciendo mayormente bajo el impulso de sus inversionistas locales y lugareños.

Sin embargo, en términos de planificación para el desarrollo, las regiones representan las condiciones, vínculos sociales y culturales que potencializan recursos hacia un mayor impacto en el crecimiento económico y con ello brindar mejores condiciones de vida de la población.

La Universidad de Panamá, en ese mismo sentido, ha creado y opera los centros regionales universitarios, con base a la Ley No. 24, aprobada el 14 de julio de 2005, que en su artículo número 8, explícitamente deja la obligación de extender sus servicios a toda la geografía nacional. Es así como se desarrolla en los propios estatutos universitarios, en su artículo 32, que enuncia con claridad meridiana: “La Universidad de Panamá establecerá unidades académicas, administrativas descentralizadas, denominadas Centros Regionales Universitarios, con el propósito de cumplir un compromiso con el desarrollo nacional y la educación superior”. También especifica claramente que los centros regionales universitarios realizarán, con carácter regional, las actividades de docencia, investigación, administración, extensión, producción y servicios.

Más adelante, este artículo señala: “La Universidad de Panamá deberá integrarse, a través de los Centros Regionales Universitarios, y en medio de lo posible, a la gestión de desarrollo de las comunidades y el país”. Con esta plataforma jurídica queda claramente definido el papel que juegan en las distintas regiones del país.

Esto implica que la sociedad, los estudiantes y los educadores del interior del país demandan relacionar más el desempeño institucional superior de los centros regionales universitarios para que generen, no solo la formación de profesionales con pertenencia y compromiso social, sino también brindando estudios de investigación vinculados a los problemas de los distintos actores económicos y profesionales, para aportar a la toma de decisiones en la región.

Además, es necesario diseñar y construir productos y servicios que no solo sirvan para cubrir necesidades técnicas, sino también para fortalecer las prácticas profesionales de los estudiantes y beneficiar a las comunidades en donde están establecidos.

Todo esto requiere de una acción encaminada a elevar el perfil de los centros, respaldando la formación y regularización de los docentes, así como también promoviendo e institucionalizando actividades de prestación de servicios de consultorías y asesorías que también pueden involucrar a los estudiantes. Formas de generación de ingresos para docentes, estudiante y la propia universidad que, sin duda, ayudarán a destinar recursos de autogestión para mejorar sus instalaciones, laboratorios, equipos y demás servicios necesarios para la calidad de la educación superior.

Los centros regionales universitarios tienen que convertirse en estandartes de lucha y producción de ideas en cada punto de la geografía nacional y llevar la luz que soñó Méndez Pereira a cada rancho campesino, villorrio e institución pública, logrando así, que los jóvenes ciudadanos del campo no tengan que emigrar a las grandes ciudades y engrosar los barrios de miserias, sin ninguna educación ni esperanza para sus familiares. Tenemos ese gran compromiso y sentar el reto de extinguir aquel nefasto concepto: “la educación superior es privilegiada y no apta para los humildes y desposeídos”.

Una verdadera visión universitaria, con un rol determinante en la formación de un sistema regional claro para la sociedad local, solo se logrará brindando participación activa a los estudiantes, docentes y el personal administrativo en la construcción de grandes ideas y proyectos precisos.

El autor es economista y docente universitario


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