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Las vacunas y la desinformación: un llamado a trabajar en equipo

Nueve meses atrás, en lo que nos preparábamos para recibir un año nuevo, se dio un reporte en China de una misteriosa neumonía causada por un coronavirus anteriormente desconocido, al que se denominó SARS-CoV-2. Hoy en día sabemos que causa una enfermedad multisistémica conocida como Covid-19 y, a nueve meses del primer caso, seguimos descubriendo cómo luchar contra ella y contener la pandemia que ha desencadenado. Con 29 millones de casos confirmados y más de 900 mil fallecidos a nivel mundial, esta pandemia se ha convertido en la peor crisis de salud pública del último siglo, desencadenando un grave daño social, político, emocional y económico, con serias repercusiones en el ámbito laboral, familiar y personal (Ávila Agüero et al, 2020).

En el medio de la pandemia Covid-19, los sistemas de salud se enfrentan a un incremento rápido de la demanda de servicios. Cuando los sistemas de salud están abrumados, tanto la mortalidad directa por el brote, como la mortalidad indirecta por las condiciones prevenibles y tratables (por medio de la vacunación, por ejemplo), aumentan dramáticamente. Por ejemplo, un análisis de la epidemia de ébola de 2014-2015 sugiere que el aumento en el número de muertes causadas por sarampión, malaria, VIH/SIDA y la tuberculosis atribuible a fallas del sistema de salud superó las muertes por ébola (Elston et al, 2017).

Considero que la herramienta clave para detener la pandemia actual y regresar a la vida a la que estábamos acostumbrados es la existencia de una vacuna segura y eficaz para protegernos de esta enfermedad multisistémica.

La vacunación se encuentra entre las estrategias de salud pública más seguras y eficaces de la historia de la medicina. Gracias a las vacunas se han salvado millones de personas de enfermedades, de sufrir discapacidades y hasta de la muerte. Sin embargo, a pesar del consenso científico, un creciente movimiento antivacunas en redes sociales constantemente se opone a esta herramienta efectiva de salud pública.

Se estima que la industria anti-vacunas invierte millones de dólares al año en redes sociales. A pesar de que los gobiernos, los científicos y el periodismo basado en hechos hacen todo lo posible por contrarrestar las afirmaciones de ese colectivo, las dudas respecto a las vacunas, especialmente contra el nuevo coronavirus, están aumentando (Center for Countering Digital Hate, 2020).

Una encuesta realizada recientemente por Ipsos Centroamérica reveló que 6 de cada 10 panameños estarían dispuestos a aplicarse una vacuna contra la Covid-19, mientras que 2 están indecisos y 2 se niegan a colocarse la vacuna (Perea, 2020). Esto quiere decir que 4 de 10 panameños tienen dudas o rechazan las vacunas contra el nuevo coronavirus. Es posible que esta reticencia sea motivada por miedo, causado por una falta de información sobre las bondades de las vacunas, o sobre cómo se lleva a cabo el estricto proceso de desarrollo de vacunas para garantizar que sean seguras.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay alrededor de 200 vacunas en desarrollo actualmente, de las cuales, al 9 de septiembre de 2020, 35 están siendo probadas en seres humanos en ensayos clínicos. Aunque la cantidad de vacunas que están en desarrollo parezca grande, es importante que entendamos que, aunque una vacuna contra la Covid-19 se muestre muy prometedora en términos de seguridad y de la respuesta inmunitaria en las fases iniciales (fases 1 y 2), no se puede saber si ayudará a prevenir la infección o a reducir los síntomas hasta que finalicen los estudios de la fase 3.

A nivel mundial, se están realizando tremendos esfuerzos para tener una vacuna segura y eficaz contra la Covid-19 lo antes posible. Se ha recorrido un largo camino en esta dirección desde la aparición del virus, y los resultados de los estudios realizados con las vacunas son prometedores.

Sin embargo, la mayoría de los expertos cree que probablemente podríamos contar con una vacuna disponible para la gran mayoría de la población mundial a mediados de 2021.

Mientras tanto, no olvidemos practicar las medidas de prevención que han demostrado ser eficaces contra el contagio por el Covid-19: el frecuente y adecuado lavado de manos o uso de gel alcoholado, el uso de mascarillas y el distanciamiento físico. Por último, considero que los profesionales de la salud, los gobiernos y periodistas debemos trabajar unidos en mejorar la comunicación sobre los beneficios y los posibles efectos adversos de las vacunas, especialmente respecto a las vacunas en desarrollo contra el nuevo coronavirus. La falta de trabajo en equipo para comunicar las bondades de la vacunación y el silencio que favorece a los anti-vacunas podría afectar los esfuerzos de contener esta pandemia, con la posibilidad de causar muchas más muertes y sufrimiento.

La autora es doctora en medicina


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