Vacunas contra la Covid-19

Latinoamérica, la Unión Africana y el multilateralismo

Hace algunos meses, por invitación de la Konrad-Adenauer-Stiftung y su Programa Regional de Alianzas para la Democracia y el Desarrollo con América Latina (ADELA), participé del proyecto de libro “Multilateralismo: perspectivas latinoamericanas”. El objetivo del ejercicio era sencillo, identificar las tendencias regionales respecto al multilateralismo a través de las perspectivas nacionales de más de nueve Estados latinoamericanos, incluyendo Panamá. Una conclusión general del reporte vinculado al proyecto, “Bleak Prospects?” (¿Perspectivas Sombrías?), es que el multilateralismo latinoamericano está en crisis. En tal sentido, dicha crisis se hace más evidente aún cuando se comparan los recientes éxitos de la Unión Africana con los limitados esfuerzos de los organismos multilaterales latinoamericanos para que los Estados de hemisferio accedan de forma colectiva a las vacunas contra la Covid-19.

La Unión Africana (UA) es una organización internacional establecida desde hace casi veinte años. La misma reemplazó a la Organización para la Unidad Africana. Actualmente, cuenta con una membresía de 55 Estados, aglutinando a todos los Estados internacionalmente reconocidos del continente. Recientemente, este organismo internacional, a través de su Equipo de Trabajo para la Adquisición de Vacunas en África, anunció que habían conseguido 270 millones de dosis de vacunas contra la Covid-19 para los Estados africanos, de las cuales 50 millones serían entregadas entre abril y junio de 2021. Dicho compromiso se materializó a través de negociaciones directas de la UA con las farmacéuticas Pfizer, AstraZeneca y Johnson & Johnson, y con el financiamiento del Banco Africano de Importación y Exportación. Si bien 270 millones de dosis no son suficientes para un continente con una población superior a los 1,300 millones de personas, este esfuerzo colectivo, aunado a las dosis que África recibirá como parte del programa Covax de la Organización Mundial de la Salud (que cubriría aproximadamente al 20% de la población del continente), nos invita a reflexionar sobre el rol limitado que han tenido los organismos multilaterales latinoamericanos en los esfuerzos colectivos, como bloque regional, por conseguir las vacunas.

Adicionalmente, la UA ha entrado en negociaciones directas con el Banco Mundial para facilitarle a sus Estados miembros el acceso a fondos por un monto de 5 mil millones de dólares para la compra de vacunas. Es decir que lejos de focalizarse únicamente en la vía multilateral, la UA también está potenciando y facilitando la avenida bilateral, en el interés de que cada Estado tenga a su disposición las herramientas económicas necesarias para acceder a las vacunas. En nuestro continente, el Banco Interamericano de Desarrollo ha puesto a la disposición de los Estados Latinoamericanos y del Caribe fondos por el orden de los mil millones de dólares para la compra de vacunas a través del mecanismo Covax y para aquellos Estados que de manera individual busquen adquirirlas directamente con las farmacéuticas. Sin embargo, hasta el momento no existe en nuestra región una iniciativa multilateral similar a la de la UA. Como si esto fuera poco, la UA también está promoviendo la cooperación internacional al ofrecerle a la Comunidad del Caribe (CARICOM) y a sus Estados miembros acceso a una parte del primer embarque de 50 millones de dosis que recibirán a mediados de este año.

La UA dista de ser un organismo regional perfecto. En el continente africano, al igual que en otras latitudes, todavía persisten muchísimos problemas endémicos. No obstante, en el tema de las vacunas contra la Covid-19, África nos ofrece un modelo de cooperación multilateral digno de emular. La ausencia de una estrategia colectiva por parte de los Estados latinoamericanos, bajo el liderazgo y el acompañamiento de un organismo multilateral robusto, es una prueba más de la crisis que enfrenta el multilateralismo en nuestra región. Esto no implica un desconocimiento de las complejidades inherentes al proceso de adquisición de las vacunas, ya sea por la vía bilateral o multilateral. Al contrario, es importante reconocer que la UA todavía tiene que sortear una serie de desafíos para ver materializados sus esfuerzos. Lo que sí es importante destacar es que el éxito de la estrategia de negociación de la UA radicó en su capacidad de reconocer las limitaciones inherentes de la acción bilateral y la realización de que en un mundo interconectado e interdependiente, no podemos ni debemos descartar los mecanismos multilaterales, ya sean estos globales o regionales. He ahí la gran lección de la UA al multilateralismo latinoamericano.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional

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