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Lectura y poesía

Fernando Savater en su libro La aventura de pensar, nos recuerda que Platón fue un filósofo con una exigente conciencia política. En La República, uno de sus diálogos más famosos, nos aclara Savater, describe la idea de una ciudad organizada, pero donde no hay espacio para los poetas. Para Platón, los poetas son un estorbo y merecen ser desterrados porque “mienten mucho y solo hablan de pasiones y situaciones subjetivas”.

Para Platón, la poesía no tenía ningún valor que aportara a la construcción de ideas y la formación ciudadana. Más útil para la comunidad es un comerciante o un político que un escritor que sueña con pajaritos preñados. Afortunadamente, esta idea del ilustre filósofo que nació en Atenas en el año 427 a.C. no ha sido tomada a pie de la letra, porque si fuera así estuviera escribiendo este artículo en alguna parte de Siberia, lejos de mi patria.

Hubiese sido interesante poder organizar una mesa de debate con Platón, Heidegger y Martí sobre la utilidad de la poesía, hoy día. Heidegger afirmaba que “en la poesía, el hombre se une a los fundamentos de su existencia. Ser humano es ser una conversación”. Seguramente Platón hubiera tolerado está afirmación y la hubiera refutado con inteligencia.

Sin embargo, con José Martí se hubiera ido a los insultos al escuchar al apóstol cubano: “¿quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gente de tan corta vista mental que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida”.

Todavía existen voces platónicas que murmuran que la poesía, la literatura y la lectura no sirven para nada. Hay algo que con el tiempo entendí en mi trabajo como promotor de lectura y que hoy es mi consigna para defender la importancia de leer poesía y otros géneros literarios. Pensemos en la palabra lectura. Nuestro trabajo no es formar lectores profesionales; ni siquiera es crear el hábito de la lectura. Creo que la lectura no es el fin en sí misma, sino el medio para llegar a un fin determinado.

“El tiempo ha demostrado que la literatura no evita el hambre, la injusticia o la corrupción”, dice sobre la poesía Graciela D. Bracaccini. La cita la encontré en un trabajo que leí hace muchos años de Pablo Mora intitulado “Para qué la poesía”. Bracaccini reflexiona que tal vez el provechoso de la poesía de manera individual o colectiva tiene que ver con una necesidad de ver el mundo, una manera de sentir junto al otro. Seguramente muchos estarán de acuerdo cuando la autora afirma: “Actualmente se considera ingenua la ideología que afirma que la poesía [la literatura] es un arma y puede cambiar la sociedad”.

Soy uno de los que afirma que hay mucha ingenuidad en pensar que la lectura y la poesía son caminos seguros para cambiar el mundo. Tampoco creo que un libro sea mejor que una vacuna contra el cáncer o un sistema económico que erradique la pobreza. Pero sí creo, y tal vez muera sin lograr que muchas personas lo entiendan, que la lectura y la poesía son una necesidad por el simple hecho de que el ser humano necesita dotar de sentido su realidad, su mundo y su vida. Es una necesidad que solo el arte puede revelar de manera sincera. Es una necesidad que nos fortalece internamente.

Cito otra vez a Graciela Bracaccini:

“La cultura, el arte, han nacido de una necesidad humana y cualquiera sea la interpretación de esa necesidad [psicológica, estética o espiritual], allí donde hay arte, hay un testimonio del espíritu humano, una prueba de la esencia creadora del hombre”. Las personas no solo estamos hechas de carne, tendones, grasa, sangre y huesos; también estamos formados por historias y palabras. El fin de la poesía no es que la apreciemos a ella como un hecho estético; eso sería algo abstracto, además de aburrido. Su misión, que es la misión del poeta, es revelarnos una imagen que le dé sentido a las cosas, digamos, con seguridad, a la vida.

Sigo citando frases del trabajo de Pablo Mora. Cuando le preguntaron a Jorge Luis Borges, ¿para qué sirve la poesía? Y él respondió: “y, ¿para qué sirven los amaneceres?”, podríamos pensar que Borges encontró la respuesta perfecta en una revelación de la naturaleza.

Y Jaime Sabines lo dijo poéticamente: “la poesía sirve para sacar la flor de las cenizas”. La lectura y la poesía son formas de revelación y de reconstrucción. Mientras la humanidad exista, la poesía y la lectura estarán con nosotros, porque son la mejor forma de descifrar y construir nuestra vida.

El autor es escritor


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