Después de cada Feria del Libro, una cosa me queda clara: tenemos que leer más. La virtualidad no ha detenido a los lectores, que han podido acceder a conferencias y mesas redondas sobre temas de actualidad, lo que siempre es un estímulo para seguir creyendo en la necesidad de trabajar en favor de este tradicional espacio para las letras, que nos convierte por varios días, en el punto de encuentro con la literatura.
Para seguir avanzando como sociedad, no hay otro camino que el de la lectura activa. “Los sueños, sueños son”, dice Calderón, mejor hablar en términos de proyectos, de metas, y bajarnos de la mata romántica para activarnos desde la lectura. Sólo avanzaremos si lo leído lo llevamos a la vida cotidiana, si aterrizamos las lecturas, si las concretamos en el día a día.
De nada sirve amontonar lecturas si estas no permean y moldean la perspectiva de nuestra circunstancia. Mucho queda por hacer en materia de Historia (pensando en el bicentenario y la ocasión perdida para aprender más de lo que pasó), en materia literaria (ahondar en nuestra literatura, conocer mejor otras), y, sobre todo, en materia ética (alejarnos de tanta autoayuda y “coaching”, volver a las Humanidades), que tanta falta nos hace.
Ojalá el año que viene podamos encontrarnos, y darnos los abrazos y hacer los brindis que nos debemos. A ver si el próximo, es el año de regresar a las mesas redondas, a las conferencias y al debate en directo, a las conversaciones en esquinas de Feria, a la conspiración literaria, a la alegría de los reencuentros.
Mientras, toca leer, toca activarnos por medio de la lectura, toca reflexionar y pasar a la acción. No hay nada más necesario para Panamá que una sociedad crecida en criterio, alta de miras, adulta en conocimiento. Mientras sigamos creyendo eso de “puente del mundo, corazón del universo”, estaremos muy lejos de la realidad. Para ser eso, hace falta mucho trabajo, hace falta mucha lectura.
El autor es escritor

